miércoles, 21 de febrero de 2018

La semana fantástica de la señora Carmena y su consistorio


Señora Carmena, que sin escuela, los chavales acabarán por esos caminos de Dios y eso no lo querrá usted, ¿verdad?


Hace unas semanas algunos agradecíamos la declaración del Excmo. Ayuntamiento de Madrid, cuándo manifestaba que la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda de Madrid se mantendría en funcionamiento por ser un servicio público que había que prestar a los ciudadanos de la Villa y Corte; en esta ocasión contaría con la dirección de un exalumno, torero de máximo crédito, del gusto de Madrid, con un inigualable currículo y además, del barrio de Ventas, José Miguel Arroyo, “Joselito”, con la ayuda de José Luis Bote Romo, “El Bote”, también exalumno, bien visto en Madrid, pero sin tan prolija trayectoria y del barrio de Canillejas, además de la presencia de Enrique Martín Arranz. Bueno, pues ya se acabó la incertidumbre, se esfumaron las amenazas antitaurinas que manaban de la propia corporación, que convirtió en habitual esa coletilla de que no amparar prácticas en las que hubiera maltrato animal, ni permitirían ninguna práctica en la que pudiera tan siquiera adivinarse una gota de crueldad. Que ya resultaba ridículo; se inauguraba un comedor social, pero no nos gustan los toros; se encienden las luces de Navidad, pero no nos gustan los toros; se cierra la Gran Vía, porque no nos gustan los toros; no se mueve un dedo en los accesos al nuevo Metropolitano, porque es que no nos gustan los toros; amanece nublado, porque no queremos toros; asoma el sol, pero no nos gustan los toros. De verdad, que nos importa un enorme, jugoso y soberano bledo. Que con eso del servicio público ya era más que suficiente.

Pero era prometérselas muy felices, que hace cuatro días el Ayuntamiento de Madrid mandó a unos propios a cerrar las instalaciones del Batán. ¿Y lo del servicio público? Allí se concentraron aficionados y profesionales del toro para tratar de impedir el cierre definitivo, que nunca es tarde si la dicha es buena. Quizá tendrían remordimiento de conciencia por haberse inhibido durante tantos años del destino del Batán, hasta llegar al estado ruinoso en que se encuentra en estos días. Quizá les berreaba el alma por no haber empujado para que se volvieran a exponer allí las corridas de Madrid o para que los chavales de la escuela pudieran contar con reses para afirmar su aprendizaje teórico sobre el ruedo y con vacas de verdad y no carretones con cojines en el morrillo. Aquella mañana dio para ver algunas cosas, primero, que el señor portavoz del PP o es un descarado o un ignorante que no se entera del mundo en el que vive; que los señores del PSOE siguen en su sueño de los justos y que por no querer perder un voto pierden cien precisamente por esa inactividad insultante: que los amigos de Ciudadanos andan por allí y de vez en cuándo sueltan un “no estoy de acuerdo” y veinte “lo que usted mande, señorito”; y que los que ostentan el poder se creen en su derecho de imponer su moralidad que creen la única admisible, porque la razón la guardan ellos como el pueblo elegido el Arca de la Alianza. Y la segunda enseñanza fue la que impartió Joselito, moderado, asombrado, directo, duro, riguroso pero sin ofender a nadie. Aquello había echado para adelante y no había otro camino, pues allí, en el Batán, solo podía hablarse de toros, no cabía otra cosa que los Toros. 

Y, ¿ustedes creen que aquí se acaba todo? No sean ilusos, que ahora resulta que la escuela no se cierra. Que han descubierto los señores de Ahora Madrid o Ganemos Madrid o vaya usted a saber, que aquellos terrenos, por acuerdo del Pleno del Ayuntamiento, solo pueden estar destinados a actividades relacionadas exclusivamente con la tauromaquia. Que uno entiende que los ediles del equipo de gobierno y demás asesores, quizá no cayeron en ese pequeño detalle. Parece ser que han tenido que ser los señores de otros grupos los que le han confirmado a la señora Carmena y a los suyos, que Joselito, el joven aquel de gesto serio y agraciado de cara, tenía razón. Igual no daban crédito, torero, taurino y que sabía más de acuerdos plenarios que aquellos que no se cansaban de repetir que no les gustan los toros. Y nada, que ahora resulta que la escuela no se cierra. Que ya estoy viendo al pobre chaval que sudó tinta para convencer a sus padres para que le dejaran apuntarse a la escuela, para que le compraran los trastos de quinta mano, que un día llegó a casa diciendo que le cerraban el Batán. Lo que tuvo que aguantar el pobre, sobre todo de su madre, a la que tampoco le gustan los toros, aunque no es por querer hacer carrera política, sino porque no. Que viendo cómo iban las cosas el chaval, que quería aplicarse en cualquier cosa que le permitiera estar más tiempo en la calle, les pidió que le compraran utensilios de jardinería, pues le había oído a un amigo del padre del primo de Miguelín el Chato, que allí iban a montar un vivero de geranios. Que al poco vuelve con que la vuelven a abrir, y esto con la madre con las tijeras de podar y el azadón en una y otra mano. Que el niño no podía haber esperado a que la mamá se desarmara, no, tuvo que ser en ese momento. Cómo diría cualquier periodista deportivo, aquello era una escena dantesca. Se calmaron los ánimos y que vuelve el zagalillo con que se cierre para siempre jamás y que se hablaba de un santuario de animales abandonados o rescatados del holocausto. La pobre madre ya no sabía si cortarse las venas con la ayuda de aluminio, si dejárselas largas, si hacerse un corte a lo garsón con las podaderas, si adoptar una pirña para el bidé o si ir al ayuntamiento a pedir el calendario laboral del personal de la escuela de… y yo qué sé ya de qué es aquello escuela. Que es más fácil adivinar las ofertas del Lidl, Día o Hipercor. Que a este paso, no se extrañen si un día ofrecen un dos por uno en la Marcial Lalanda, inscriba a su hijo y le regalamos su matrícula para convertirse en una modélica mamá o sesudo papá de torero. Apunte a us hijo en el método carmena de enseñanza del toreo y le mandamos gratis el capote y la esclavina, para que ustedes mismos lo cosan con el hilo rosa que aparecerá en nuevas entregas. Puede que esto les parezca un lío, pero no se dejen acobardar y estén muy atentos a las nuevas ocurrencias esos que dicen que no les gustan los toros, y no se pierdan la semana fantástica de la señora Carmena y su consistorio.

Enlace programa Tendido de Sol del 18 de febrero de 2018:
https://www.ivoox.com/tendido-sol-18-febrero-de-audios-mp3_rf_23857018_1.html

martes, 13 de febrero de 2018

Los quehaceres de la ONU


Siempre habrá que agradecer que un día alguien creyó oportuno el llevarnos a los toros, una y cien veces

Agradezcamos a las sesudas mentes de la ONU su preocupación por la infancia hispana o quizá mejor debería decir por la infancia ibérica, aunque así puede que excluya a parte de la infancia gala y americana, con las dudas que esto plantea, pues puede ser que esas infancias puedan sentirse excluidas y discriminadas de las preocupaciones de las mentes pensantes de la ONU. ¿No les parece un lío? No he hecho más que empezar y ya me he perdido. A ver si esto va a ser para minar la trascendencia de la nueva medalla de las Bellas Artes. Que igual lo señores ONUdios se han visto ninguneados por esa medallita a don Julián López Escobar y en represalia nos salen por estas de los niños, las corridas de toros y lo dañino de los bocadillos de chorizo para merendar, en detrimento de una ensalada de quinoa con pipas de girasol, brotes de canguingos y rebrotes de aire. Pero claro, ¿qué niño pueden estar jugando y corriendo con una ensalada en una mano y la tizona del Cid en la otra? ¡Aaaaah! Que ahora no va así la cosa, que ahora no corren y para picar en la ensaladita les vale pulsar la pausa.

Lo que han cambiado las cosas, tanto que algunos nos perdemos casi tanto cómo con el asunto de las medallitas y los méritos obtenidos para que a uno se la den. Uno que siempre había pensado que esto de los toros tenía un aspecto educativo, que tenía unos valores que los mayores intentaban inculcar a los niños para la vida y ahora resulta que no. Pero que no digo yo que los señores ONUdios no tengan razón y no se sepan lo que se hacen, pero… Porque a ver cómo me explican a mí cómo se le enseña a un crío algo en principio tan contradictorio como es el que a un señor, en este caso un torero, hay que reconocerle el enorme mérito de enfrentarse voluntariamente a la muerte, con todo lo que esto conlleva, sin desear, sin tan siquiera querer imaginar, no solo que esta llegue, sino que se evite el más mínimo percance; pero claro, esto bajo la premisa de la exigencia y el respeto a su oponente, el toro, que es quién tiene entre sus pitones la gloria o la muerte y al que no se toma cómo enemigo. Dirán que vaya lío, ¿no? Pues no quieran ni pensar en lo de las medallitas de las Bellas Artes.

A ver cómo se les enseña a los niños que la vida es vivir y morir, que la vida es gloria y fracaso y que este puede implicar censura, crítica, pero siempre el respeto a quién se enfrenta a esta circunstancia con gallardía, nobleza, verdad y miedo, un miedo absoluto, que se vence con afición, con amor al toro, ¿qué cosas? Y a ese rito que un día aprendieron de sus mayores. A ver cómo se le puede educar a un niño en eso de enfrentarse a una dificultad con verdad, dando en cada embestida la opción de ser cogido, pero al mismo tiempo salvándola a fuerza de experiencia, conocimientos y el saber que fueron acumulando generaciones de toreros, ganaderos y aficionados. Que no digo yo que no haya un tutorial en youtube que explique todo esto, porque ya hay tutoriales hasta para quitarse las legañas de buena mañana, pero permítanme algunas reservas.

Que igual resulta fácil de enseñar eso del respeto a la experiencia, el reconocimiento absoluto a la antigüedad de los mayores, los que antes se iniciaron en este camino y que en su momento, hasta ceden paso, le dan la alternativa a los jóvenes que vienen detrás, admitiendo que un día serán los que les aparten del camino. Eso ocurre con los matadores, que puede ser que cedan los trastos al chaval que un día les mostrará la salida, igual que los aficionados, los padres o los abuelos, ceden un día su puesto a los que les seguirán, los que puede que les superen en saber, aunque es complicado que se dé el caso, haciéndoles sentir ese inmenso orgullo de haber sabido y podido transmitir el amor al sacramento del toreo. Verán cómo sus pupilos caminarán solos y con solvencia por el ruedo o los tendidos, aportando su óbolo a mantener viva su pasión. Pero hasta en esto, cómo en la vida, aparece esa contradicción del que parece ya valerse por si mismo y de repente, cuanto más profundiza en el toreo, en la vida, más echa de menos a sus maestros, más necesidad tienen de saber qué habrían hecho, que habrían dicho ellos, cómo lo habrían visto y cómo lo habrían contado. Que ya digo que habrá tutoriales magníficos que puedan enseñar todo esto y hasta con infografías explicativas de los porcentajes de sentimientos contradictorios que se puedan dar en cada fase del proceso, siempre avalados por la experimentación de prestigiosas universidades de por allá lejos, pero de lo que no me cabe duda es que el alumno, por muy aventajado que sea, no sabrá por esta fuente de amores, pasiones, sentimientos, emociones y hasta identificación con las raíces, con la tierra y sus ancestros. Quizá tampoco acaben de asimilar eso del sentido crítico, del rigor al enjuiciar las causas por las que unos señores bien pensantes de un Ministerio son capaces de otorgar la medalla de las Bellas Artes a don Julián López Escobar, siendo él un ejemplo tan aventajado de la vulgaridad, la trampa y el despropósito torero, experto en esquivar el toro; no en el ruedo, sino en los despachos, procurando no encontrarse con este ni en un callejón oscuro y de forma sorpresiva. Pero no creo que esto se incluya de ninguna manera en lo que esos señores ONUdioses cuenten como parte de los quehaceres de la ONU.

miércoles, 7 de febrero de 2018

A mí no me engañan, que yo sé elegir


A veces la elección es uno mismo

El abandono paulatino de la Fiesta es un mal que nos afecta a todos, que va despacio, pero con paso firme. De los que se van ausentando en unos casos escuchamos justificaciones que suenan a simples excusas y otras el testimonio doloroso de quién ya no puede más y opta por alejarse de algo muy querido y lleno de dolor. Que quizá el resultado sea el mismo, pero el análisis no puede ser igual. En este último caso es necesario pararse al menos un suspiro y medio e intentar entender qué es lo que les lleva a estos a cortarse definitivamente la coleta. Porque lo que ha sido casi una forma de vida, una forma de entender tanto, esas ganas de buscar, de saber de vivir, no se deja por un aire de Levante que vino de manera inoportuna e inesperada. Quizá lo mejor que podríamos hacer, si es que se prestan, es sentarnos con ellos y escucharles el por qué de esa amargura que les echó de los toros, porque a estos o les echaban o nada, y les echaron.

Pero en esta ocasión quería detenerme en los que afirman que no se acaban de ir, pero que con todo convencimiento afirman que a ellos ya no les engañan, que ellos ya eligen y no van a todo, por eso, porque no les engañan. Ya es aventurado en esto de los toros afirmar algo con tanta rotundidad, ya saben, que la verdad más absoluta, la única verdad verdadera en esto es que no hay ninguna verdad absoluta y mucho menos cuándo se trata de presumir de que a uno no le engañan. Porque es posible que en esa selección esté la madre del cordero. Piénselo, lo primero que nos pretenden hacer creer es que somos diferentes, que somos unos especimenes aparte de todo y nos llaman “toristas”. ¡Zasca! Con una palabra ya nos han sacado del partido. Está feo eso de que ya de primeras no te dejen jugar con los demás niños y con la misma pelota que ellos. No, a nosotros, cómo sabemos tanto, cómo somos tan exigentes, no0s dan una de trapo, que seguro que, cómo somos tan sabios, sabremos apañarnos. Y menos mal que hablan de “toristas”, que tampoco nos dejan en tan mal lugar, que también podrían habernos calificado de “monosabistas”, especialistas en monosabios, “puntilleristas”, especialistas en puntilleros, areneristas, especialistas en areneros y así, hasta llegar a “cerveceristas”, mientras alardeamos de saber quién abre mejor la lata de cerveza y mejor la sirve de toda la plaza. Y ya digo, que lo peor de lo peor es que los hay que se compran ellos mismos la medallita, con su dinero, para ponérsela en la solapa. ¿Se imaginan en el fútbol o en cualquier otro deporte que hubiera hinchas de los árbitros y que renunciaran al resto del espectáculo por quedarse solo con la actuación impecable de los trencillas? A mi humilde entendimiento el aficionado es aficionado a los toros y estos constan de tres tercios, en ellos intervienen varios actores, empezando por el fundamental que es el toro y prosiguiendo por el torero, que es el encargado de hacer el toreo. ¿De Perogrullo? Absolutamente.

Y ya asumido, y con sumo gusto, eso de ser “torista, los señores taurinos se montan sus ferias a su gusto con lo de siempre y de vez en cuándo, tampoco con demasiada frecuencia, te monta una corrida “torista” y a esa sí que hay que ir, que eso da mucho lustre a la chapita. Que si hay que viajar a Torrecilla de los Matacanes, se va, que el ser “torista” es lo que tiene. Y de un plumazo han conseguido, primero alejarnos de sus convites borregueros y como consecuencia, poder seguir con lo suyo sin nadie que les incordie. ¿Qué los niños se ponen pesaditos? Pues se les da la pelotita del “torismo” y a otra cosa. Que se quejaran, vociferarán y se rasgarán las vestiduras, pero lejos, en tertulias solo para “toristas”, en facebook, twitter, watshapp, instagram o en la peluquería del Cantares, que está a trasmano de cualquier círculo taurino. Eso sí, pero a estos que seleccionan, a estos no les engaña nadie.

Quizá es que no nos hemos parado a pensar que los taurinos, esos que se deleitan con el toreo moderno, los que repiten las consignas que les llegan por la tele o panfletos oficiales, no se molestan con los que no van a la plaza, se molestan, y a veces hasta perder las formas, con los que si acuden a los toros y manifiestan su descontento, los que allí mismo dicen que no a todo este montaje, justamente cuándo los otros, lo que pretenden es eso engañarles. Si es que el Mundo es una caja de sorpresas. Resulta que los no engañados, porque ellos eligen, no importunan a nadie, si acaso aburren a la parienta, al cuñado y los suegros, cansaítos de la misma cantinela. Los molestos, a los que hay que desterrar de las plazas, los irrespetuosos, los indeseables, son los que en el momento en que olisquean el timo se ponen de manos y con sus protestas deslucen los montajes triunfales del taurinismo vigente. Que no creo que a estos les engañen, ni mucho menos; lo intentan, eso está claro, pero no lo consiguen. Otra cosa puede que sea con esos que con toda la autoridad de su saber afirman sin reparos lo de “a mí no me engañan, que yo sé elegir”.

miércoles, 31 de enero de 2018

Así somos, o no, los aficionados a los toros


Aficionados o no aficionados, es ver el toro en la calle y se revolucionan las almas

Seguro que no hay quién me diga que nunca se ha encontrado como, siendo aficionado a los toros, ha tenido que aguantar que le cuenten cómo es, sencillamente porque alguien, vaya usted a saber quién, un día decidió que o cumplías una serie de clichés o no podías ser aficionado a los toros. Pues bien, permítanme que yo le aclare a estos señores cómo somos de verdad. ¡Atención! Y no repito más, los aficionados a los toros somos gente alegre, que nos gusta, aparte de los toros, la juerga, el fino, el flamenco, somos de derechas, muy de derechas, no entendemos estar haciendo permanente referencia a los toros, nosotros no cruzamos la calle, cambiamos los terrenos, no somos directos, entramos por derecho; cuándo no le dedicamos poco esfuerzo a algo, hacemos una faena de aliño: no salimos emparejados con nuestra/o chuti, vamos en colleras o mano a mano; no se nos ocurre ir a un bar que no tenga cabezas de toros a tutiplén por las paredes  del local. Las vacaciones se adaptan para ir a todas las ferias del norte, del sur, de la Francia taurina y ya puestos a buscar un destino exótico, a la feria del Cristo de los Milagros. Al primer niño se le llama Juan o José y al segundo, Belmonte o Gallito, que el cura sabrá entenderlo. ¿Qué es niña? Macarena. A los aficionados a los toros nos gusta el cante y si nos ponen un pasodoble, tiramos de servilleta, toalla, rebequita o kleenex y nos liamos al natural, la verónica o con una larga cambiada. Los aficionados a los toros no saludamos estrechando la mano, nos largamos un abrazo de sonoras palmotadas en el lomo del ajeno y le llamamos maestro, seguido de un “me alegro verte”. Seamos de Porriño, Canillejas o Medina del Campo, no podemos evitar que se nos deslice un cierto deje de ahí abajo, nunca el Sur, se dice ahí abajo, salpimentado con  estratégicos “¡Ohú!”. A ninguno le puede gustar, ¿qué digo? Ni agradar tan siquiera, ni el fútbol, ni la música en inglés, ni esas barbaridades de la enebeá. ¿Lectura? Libros de toros, revistas de toros, periódicos de toros y hoja parroquial de toros. En invierno nada de abrigo, ni gorro de lana, ni bufandas y los guantes, para los ladrones. Un tres cuartos sobado, los cuellos arriba, camperas y la gorrilla de visera de medio lado y si acaso, cuándo la rasca sea contumaz, soltar un castizo ¡Ohú! Luego, según el opinador, hasta podrán creernos unos sádicos que nos pone la presencia de la sangre, que ve en los animales un ser que está ahí para nuestro uso y abuso. Eso sí, excepto los caballos, que en esos nos damos largos paseos y son ideales para lucir estampa.

Pues bien, ahora ya saben cómo somos los aficionados a los toros, ¿no? Para que nadie les cuente milongas y para que inmediatamente que se encuentren con uno de nosotros, sepan de que reata venimos. Pero, ¿y si todo esto nada tuviera que ver con la realidad? Y si resultara que con tales trazas no se encontrarían un aficionado a los toros así ni en toda la producción del señor Arniches o los Álvarez Quintero. ¡Qué decepción! Que no digo yo que no haya uno que igual se acerque, pero señor no aficionados, los sí aficionados tenemos dos piernas, dos brazos, dos ojos… que tampoco quiere decir que si la desgracia te ha arrebatado algún órgano, ya te borren de la nómina de aficionados. El aficionado a los toros es una persona, lo que no es poco, que vive en su tiempo, que sale de los toros y se va a casa a ver la Súper Bowl escuchando en el coche a Bisbal, la Travista, the Rolling o Concha Piquer, si es que no va oyendo los deportes. Que juega al tenis, que no juega a nada, que le gusta el sushi o lo odia, que no se ha puesto unos botos en su vida, que le gusta Paul Auster, Cervantes o Naguib Mafoud. Sufre con que su equipo no gane el domingo, que se lleva mal o bien con sus cuñados, que les gusta guisar o que lo odia. Espera con ansia la temporada de esquí, un verano en la playa, bebe fino, cerveza fresca, mojitos, coca cola, colacao y hasta cerveza sin alcohol. Que lo mismo hasta va a los toros con la camiseta de su equipo a vivir la tarde intensamente, para después largarse al fútbol, que se va de cena fin de curso, fin de carrera o fin de matrimonio; que los hay casados, descasados, así así o que se lo están pensando.

Que va ser verdad que los aficionados a los toros son como tantos, con una pasión que les da la vida, llenos de contradicciones, que aman al toro y entienden que su único fin es morir en la plaza, sacrificado como se sacrifica a un dios. Contradictorios al exigir al torero que arriesgue el alma, pero sin querer que caiga jamás en la arena. Los aficionados se rebelan cuándo se quiere hacer desaparecer el riesgo, pero que no entienden el riesgo sin sentido. Reniegan una y mil veces de esta fiesta, claman que nunca más, que no volverán a pisar una plaza de toros, mientras se están despidiendo hasta el domingo siguiente. Los toros les da la vida y se ven sin ellos solo en la muerte. Quizá lo que diferencie de verdad al aficionado a los toros es eso, que sin los toros no entendería vivir. Luego pueden tener sus gustos, sus maneras, profundizarán más o menos en ese querer descifrar el misterio del toro, pero siempre sentirán el hechizo que este provoca sobre ellos y sobre su forma de sentir. Pero esto también es una interpretación particular que puede que sea verdad el que así somos, o no, los aficionados a los toros.


Enlace programa Tendido de Sol del 28 de enero de 2018:

miércoles, 24 de enero de 2018

Señora Carmena, me tienen hecho un lío


Si quieres ser torero, te compras un libro y te vas a tu casa, ¡Ea! Fuera de aquí.

Que nada, que se le ha puesto ahí cerrar la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda de Madrid. Que ayer era que aquello era un servicio público y ahora, en público, la dejan sin servicio. Que yo entiendo que a usted no le gusten los toros, está en su derecho, pero de verdad, que eso me importa un bledo, como si no quiere ni entrar en el Museo del Jamón, porque hay una cabeza de toro en la pared. Que es usted muy dueña, pero una vez que usted toma el bastón de mando del Ayuntamiento de Madrid, no le queda otra que regir la Villa y Corte vigilando por el bienestar de sus ciudadanos. Y mire si seré comprensivo, que hasta admitiría que nos dijera que no hay dinero y que resulta inviable su financiación, porque a partir de ese momento, hasta podría hacerse el camino de buscar recursos para que la escuela siguiera adelante. Pero no, la cuestión es sacar el saco de las moralinas y pretender que todos pasemos por el aro. Que le repito, que sus gustos, los de la señora Meyer, los de la señora Sabanés o los de cualquiera que compongan la Junta de Gobierno, nos importan un bledo, pero no uno pequeño, uno gigantesco.

Por otra parte, resulta evidente que usted no está muy al día de esto de los toros, que tampoco tiene por qué. Primero, porque se ha cargado usted solita con un muerto que ya estaba de cuerpo presente cuándo le dieron el bastón ese que tiene ahí a un lado de su mesa. Habría bastado con que dejara la pelota en el lado del taurinismo, para que nadie la hubiera recogido. ¿No ha visto lo que ha pasado en Barcelona? Pero igual prefiere engañarse, cómo se engañaron los antis en Cataluña, y ponerse la medalla de terminar con ese foco de malicia, vicio, degeneración y foco de perversión, la Escuela de Tauromaquia de Madrid. Eso, en terminología deportiva se podría llamar estar de palomero. Y por otra parte, si hubiera un mínimo de esa voluntad que exhibió, según parece, cínicamente, seguro que se habrían encontrado soluciones, porque las hay. Y vuelvo a la cuestión económica, que aunque pueda parecer importante, es absurda. ¿Por qué? Pues bastaría hacer un listado de otras cuestiones que igual no gustan a otra gente y que según esta forma de actuar, también deberían desaparecer. ¿Por qué se dedica dinero a las escuelas de música, si a mí no me gusta la música? O a las bibliotecas, pues yo ni leo, ni sé leer, o las bandas de música en las fiestas populares, porque yo soy un seta, o la iluminación navideña y cabalgatas de Reyes, porque yo me voy a pasar las fiestas al pueblo de mi cuñado y no lo disfruto, o el carnaval, porque me ofende e irrita la gente disfrazada, o a los desfiles del Orgullo, porque aquí “semos toos mu machos”, o a la seguridad de la policía municipal los días de fútbol en el Metropolitano, porque ni me gusta el “fúrgol”, ni las rayas rojas y blancas y así podríamos llegar al infinito del absurdo y lo que es peor, de la estupidez. Y además, tendríamos una ciudad pobre, mísera, rácana y sin ninguna identidad, o mejor dicho, sin un mínimo rasgo de su propia identidad. Nos arrancarían el alma, que es lo que está haciendo usted o su “equipo” con los toros.

Pero ya le decía que no se vanaglorie de ser la enterradora del Batán, no sea tan ingenua, que como buenos demócratas, hay que reconocer el mérito a los demás, aunque sean del partido de enfrente. Que ahora va el señor Martínez Almeida a la concentración que se ha producido en el lugar del delito y nos suelta una perorata en defensa de la “Tauromaquia”, de la tradición y de no sé cuántos lugares comunes más y encima cosecha una calurosa ovación, teniendo que salir a recoger las palmas al tercio. ¿Se puede tener mayor descaro? O no, perdón, lo mismo es que a este señor tampoco le ha interesado nunca antes esto de los toros y no está enterado de los antecedentes que han llevado al Batán a la situación actual. Porque lo de la Escuela de Madrid no es sino la guinda a una trayectoria llena de éxitos en eso de desmonte y demolición de la historia, la tradición de la que él habla, aficiones que allí despertaron y las ilusiones de los propios alumnos. Debe ignorar este señor la gestión de quienes permitieron que se dejaran de exhibir los toros de San Isidro en el Batán, los que claudicaron ante los caprichos de figuras y ganaderos a que allí se expusiera el ganado, los que permitieron que aquello se fuera deteriorando hasta el punto de estar en ruinas, que resulta que son correligionarios de los mismos que no gastaron un duro en el mantenimiento de la plaza de Madrid, que si acaso le daban una mano de pintura y a tirar, de los mismos que consienten a un señor que haga lo que le dé la gana al adjudicatario de la plaza, los mismos que permitieron la degradación de esa misma plaza durante años. Y no puedo olvidar a otros miembros de la corporación municipal que tanto dicen hacer por los ciudadanos, pero que al final parece que cómo ocurre con otras formaciones, solo se preocupan de la maquinaria para ganar votos y elecciones. Y, ¿qué me dicen de los que en su día pusieron en marcha la escuela y que mientras ven cómo se desmantela su obra miran a Marte, a ver si hay vida inteligente? ¿Vida inteligente? Y miran a Marte. Será porque aquí, en la Tierra y en este Madrid de mi alma, ya no hay esperanzas de que se pueda dar el caso. Es tal el barullo, que los ciudadanos ya no sabemos si tirarnos al metro o a la… Si tampoco hay ya taquilleras/os. Que no sabemos si pedir auxilio o gritar socorro y dónde hoy dicen fas, mañana dicen nefas. A ver si va a poder ser, pero poco a poco, empecemos por lo de la Escuela de Tauromaquia Marcial Lalanda de Madrid; señora Carmena, me tienen hecho un lío.

Enlace programa Tendido de Sol del 21 de enero de 2018:

martes, 16 de enero de 2018

Sevilla y Madrid ya son amigos, Valencia y Simón han aceptado su amistad


El toreo siempre fue lo que mejor unió a Sevilla y Madrid, sin duda

Ahora sí que sí. El señor Valencia y el señor Casas ya son amigos de verdad, se han mandado una notificación por facebook y la han aceptado. No se sabe a ciencia cierta quién dio el primer paso, pero eso da igual, lo que cuenta es el hecho. Deberíamos felicitarnos por ello. A partir de ahora el uno podrá ver las publicaciones del otro y viceversa. El señor Valencia podrá ver los carteles de Madrid y sabrá que es un cartel económico, que no dará problemas y que le servirá para llenar una fecha en el calendario taurino hispalense. Y el señor Casas tendrá acceso a una puerta a ese mundo del toro de más allá de Despeñaperros.

Todo son ventajas, basta que el señor Casas lance los carteles de Valencia, que los postee en todos los grupos y de ahí ya irán tirando para otras ferias. Eso sí, no van a ser carteles cerrados para todo el año, que siempre hay que estar atento a que desde Sevilla pueda llegarte un mensaje que te diga que fulanito quiere torear, económico y sin molestar a las figuras, reenvíalo a 25 amigos o tendrás cinco años de desgracias o lo que es peor, que los aficionados espabilen y te hagan la cusqui tarde tras tarde. Aficionados de esos amargados y que van a vocear a la plaza, porque no les dejan ni chistar en casa. Esos que seguro que no tienen más de quince amigos en su perfil. ¿Quién les va a querer a estos? Y si llegan a quince, que desde que les echaron del grupo “los malotes de cuarto de primaria”, ha bajado mucho su popularidad.

Ahora todo serán facilidades, ya no hace falta reunirse tanto. Ahora basta engancharse al chat y pergeñar estrategias comunes para luchar contra los caprichos de algunos toreros que se creen con derecho  a tener derechos. “No sabes cómo se me ha puesto fulanito”, “¿qué me dices? Se está viniendo arriba”, “que no va y me dice que quiere cobrar por torear”, “¡Válgame! No sé dónde vamos a ir a parar, son unos enemigos del arte, la cultura y la tauromaquia”. Y con todos estos argumentos, Sevilla y Madrid, Madrid y Sevilla, deciden expulsar al díscolo del grupo y que dé gracias que no se le denuncia a facebook; eso sí, queda bloqueado pa’ los restos.

¿Y lo que se van a ahorrar en veedores? Tú te vas a las ganaderías de por allí y yo a las de por aquí, se hacen las fotitos pertinentes y luego se comparten, que cómo pasa en todos los grupos, siempre habrá quién sin falta dirá aquello de “¡Vaya pavos!” acompañando el comentario con el indispensable “Jajajajajajajaja”. Que no sé por qué será, pero el trapío se viene arriba en las fotos y se viene abajo en el ruedo, pero eso ya se sabe que es por el transporte. Aunque igual también influye el que en un caso posaban con fundas y en el otro… Hay que tener cuidado con estas cosas, que en las redes sociales cada uno saca la mejor cara, pero también la peor y una nadería puede convertirse en un drama monumental. Imaginemos que en un despiste de eso, al señor Casas se le olvida etiquetar al señor Valencia en la publicación de los carteles de San Isidro. ¡Huuuyyyy! ¿Para qué queremos más? Que en Sevilla no se le ocurrirá eso de llamar por teléfono y pedir una copia, más que nada, por tenerla, por elegir a ver qué días se cogerán el AVE para ir a los toros a Madrid, que una escapadita no viene mal. Pues no, el primer impulso es responder de aquella manera y cómo aquí no hay entonaciones que valgan, todo se malinterpreta. “¡Vaya! ¡Qué sorpresa! Ya están los carteles de Madrid en la calle”. Y la respuesta puede ser, un poner: “Pues sí, ya se ha publicado el ciclo de producciones artísticas más grandioso del mundo, en la plaza uno”. ¡Huy! Estamos pisando terreno pantanoso. “Pues tanta producción artística y, perdónenme, pero lamentablemente no llegan al nivel de la feria de abril de Sevilla, que esa sí que es una plaza grandiosa y respetuosa y no esa jaula de grillos de Madrid” Y ya la tenemos liada. El señor Casas sacando emoticonos con cortes de mangas, el otro con caritas con el hocico torcido, más caritas de asombro, otras tapándose la carita con las manos, hasta llegar al límite del civismo, cuándo asoman los mojones pestilentes. Entonces sí que sí, uno pide amparo al administrador del grupo, que resulta que es el otro, el otro dice que consultará su expulsión del grupo con el otro administrador, que casualmente es el otro. Así que uno bloquea al otro, el otro al uno y se sucederán una serie de mensajes en el limbo, pues se supone que la comunicación es imposible, con puyitas como: a veces uno se embarca en un sueño para ayudar a los demás, pero el mundo está lleno de desagradecidos que no saben apreciar la amistad verdadera. Y el otro saldrá con: a veces uno piensa que los sueños se hacen realidad, pero al final no era más que una pesadilla, por no dar con la persona ideal con quién compartir lecho. Yo solo me acuesto con personas que valen la pena. Y en estas es cuando entran en acción las parejas de esta pareja, pero eso ya nada tiene que ver ni con facebook, ni con los toros, ni con na’ de na’. Pero cómo esto va cómo va, dentro de un tiempo les saldrá una notificación que les invite a compartir un recuerdo que les diga: Sevilla y Madrid ya son amigos, Valencia y Simón han aceptado su amistad.


Enlace programa Tendido de Sol del 14 de enero de 2018:

martes, 9 de enero de 2018

Los Toros y la Tauromaquia


La Tauromaquia siempre con el toro, pero, ¿toda la tauromaquia es admisible?

Se ha extendido denominar a los Toros como Tauromaquia, convirtiéndose para muchos este último en el único término utilizable. Desconozco los motivos, no sé si será por influencia de la Francia taurina, dónde siempre se habla de tauromaquia, tauromachie, lo cual me parece muy respetable y no solo no tengo argumentos en contra, sino que no soy nadie para tan siquiera cuestionar tal hecho. A ver si ahora, sin saber una palabra en francés, me voy a poner a cuestionar lo que ignoro. O quizá algunos, ya de los Pirineos para abajo, se sientan investidos de una pátina culta al hablar con  grandilocuencia de tauromaquia para referirse a aquello que sucede dentro de una plaza de toros, con una lidia regulada según un reglamento, constando de tres tercios, el de varas, banderillas y muerte. Resulta innegable que las corridas de toros integran la tauromaquia, eso no creo que nadie se atreva a negarlo, sería como negar el día y la noche. Pero permítanme que me resista a utilizar sistemáticamente esta palabra.

Puede que sea porque no estoy de acuerdo, ni me siento partícipe de todas las manifestaciones que forman la tauromaquia. Es más, abomino de algunas de ellas. Otras simplemente no me parece que su desarrollo sea de acuerdo a la norma, la suya, lo cuál hace que tales celebraciones sean difíciles de asimilar. Lo que podría ser un ejercicio de valor y gallardía, dependiendo de cómo se lleve este a cabo, pueden decir bastante poco de la tauromaquia y lo que es peor, hacer que tales prácticas poco admisibles sean asimiladas a las corridas de toros. Todo son tradiciones, como las mismas corridas, pero eso no quiere decir que haya que admitirlas sin rechistar y sin que el aficionado pueda manifestar su rechazo. ¿Y cuál es el límite? Pues para mí, este está en el punto en el que el toro no mantiene su integridad, cuando a este se le manipula de cualquier modo que no le presente tal y cómo vive en las dehesas y cuándo en esos festejos pelea en clara inferioridad, ya sea por tener que soportar cualquier artefacto sobre su anatomía o porque el número de adversarios sea exageradamente alto.

Quizá algunos ya atisben por dónde van mis preferencias personales, y recalco esto, preferencias personales. No me resulta agradable ver un toro con dos bolas de fuego sobre sus pitones, nada tengo en contra de su suelta por las calles, con mesura, por supuesto; incluso admito los toros ensogados, por supuesto los encierros, las capeas populares, que todo es parte de la tauromaquia, quizá en sus formas más ancestrales, pero eso no le quita valor. De la misma forma que tampoco rechazo los recortes, independientemente del gusto personal. Un hombre ante un animal que se le viene encima y que aquel libra con un quiebro o con una acrobacia las embestidas. Valor tiene, aunque tampoco voy a caer en la tentación de establecer una escala de lo que resulta más difícil y de mayor mérito, si realizar esos recortes o si llevar el peso de la lidia de un toro hasta el momento final, aunque a nadie engañaría si no dijera que uno tiene su opinión, por supuesto. Y otra cosa quiero aclarar, en todos los casos estoy hablando de festejos en los que interviene el toro íntegro, pretendiendo hacer una reflexión sobre máximos, dejando de lado los tramposos de la fiesta y el fraude que tanto y con tanta fuerza rechaza el aficionado.

Caso aparte creo que merece el famoso Toro de la Vega. Bien, pues sé que mi opinión puede producir rechazo, desde luego, ya sea en uno o en otro sentido. Si me tengo que ceñir a las imágenes que se ven en televisión, que es lo único que conozco de este tipo de festejos, me manifiesto en contra, pues lo único que veo es una multitud de gente rodeando y acosando a un toro en mitad de un campo. Pero claro, si me tengo que atener a las normas que lo deberían regir, mi opinión cambia al extremo opuesto, pues volvemos al origen, el hombre cara a cara con el toro y cada uno peleando por su vida. Pero es el desarrollo de todo esto lo que convierte algo que, guste o no, sería una lucha justa y hasta con cierto equilibrio, lo que la convierte en algo que sobrepasa los límites que debe mantener cualquier manifestación de la tauromaquia. Porque si tauromaquia significa pelea con el toro, no permitamos que nada se aleje de esta idea fundamental.

Siguiendo este hilo conductor, poco me parece que tenga de tauromaquia ese espectáculo de “encierros” por el campo con unos “valientes” señores acosando a los animales embistiéndoles ellos con coches, tractores y aprovechando para apalearlos desde la capota de toda clase de vehículos. Perdonen, pero no, no creo que esto tenga que ver, ni de lejos, con las corridas de toros. Que insisto que las corridas de toros son parte de la tauromaquia, quizá la máxima expresión de esta, la forma más elaborada, sofisticada y en la que se exige mayores conocimientos, ya sea de los toreros para enfrentarse al toro y salir con bien de tal compromiso, que lo que precisan los propios espectadores para saber y poder descifrar el misterio del que están siendo testigos, que todo ese saber y experiencia de los criadores, que desde antes de meterse a llevar una ganadería ya tienen que saber adónde quieren llegar, para después conocer el camino y los métodos para alcanzar su objetivo. La corrida portuguesa, la corrida landesa, son muchos los caminos que emprendió la tauromaquia y las corridas de toros uno de ellos, aunque puede que también pese más en mí aquello de ir a los toros, de ser aficionado a los toros, de leer la sección de toros, libros de toros, revistas de toros, ver los programas de toros, las retransmisiones de toros o hablar de toros y quizá por eso yo, como opción personal, prefiero no convertir en sinónimos los Toros y la Tauromaquia.


Enlace programa Tendido de Sol del 7 de enero de 2018: