sábado, 20 de mayo de 2017

Madrid es plaza de primera, honradla


El toreo, tan simple y tan difícil, reconcilia a todo el mundo sin fisuras

La demanda de los chavales de Madrid, de esos jóvenes que en los pocos años que llevan yendo a los toros, si lo comparamos con muchos que vieron asomar las canas toro a toro, pero a los que les duele el ver la forma de como algunos tratan a su plaza. La juventud es osada, con mucho que aprender y con ese desparpajo a veces insolente y otras encantador de los no muchos años. Estos se creen que van a arreglar el mundo del toro; igual no, pero, ¿por qué pretender segarles de golpe la ilusión? ¿Por qué les vamos a quitar la idea de querer defender su plaza? La plaza que recibieron en herencia y que ven en serio peligro. Con toda seguridad que se equivocarán, mil y una vez y mi más, pero no se les puede negar ese derecho, ni que aprendan de sus errores, pues claro que sí, ¿o es que alguien ha nacido ya enseñado? Si queremos que aprendan, habrá que permitirles que cursen ese aprendizaje, que no todo va a ser censurarles y echarles en cara su juventud, que por otra parte se cura con los años. ¡Bendita enfermedad que a muchos nos gustaría volver a padecer! Esa chavalería, dicho con el máximo cariño, que protesta, que se revuelve y que el día de la Corrida de la Prensa ha mandado un mensaje, una demanda clara, enérgica y sincera: Madrid es plaza de primera, honradla. Y ahí queda eso. Toda una exigencia y declaración de principios, en la que se encierra la intención de no dejar que violenten su plaza, el que defenderán el honor y prestigio de esta y que mientras ellos puedan, demandarán que les imiten honrándola.

Y de manera parecida a lo que llevan haciendo desde hace tiempo y con especial intensidad desde el comienzo de esta feria, han protestado y denunciado desde la dura piedra de Madrid el fraude y la frivolidad que unos quieren imponer y otros consentir. Desde que asomó el primero del Puerto de San Lorenzo las protestas apenas han cesado. Qué curioso, esta ganadería parecía que había iniciado el camino de una remontada que se adivinaba larga y empinada y ha bastado el ser anunciada con unas figuras, para que vuelva a zambullirse en el fuego del infierno taurino. Toros que ni parecían de este hierro, ni Atanasios, ni Lisardos, ni tan siquiera toros. Presentación impropia de esta plaza y con un comportamiento de acémilas descastadas que ha llegado a desesperar. El primero ya fue devuelto por manifiesta invalidez y le sustituyó uno de Buenavista, al que Castella hizo poco caso durante la lidia, algo que tampoco es nuevo. Ya el animalito miraba con ojitos a la puerta de toriles, mientras Castella se esmeraba en muletazos con la pierna de salida escondida y atravesando la muleta para evitar que le pasara más cerca de lo conveniente, según los criterios de la tauromaquia 2.0. Derechazos empalmados, que no ligados, sin rematar. Lo mismo se echaba la muleta a la derecha que a la zurda, pases por detrás, banderazos, alargando el trasteo hasta más allá del primer aviso. Si a ese toro le hubiera dado dos tandas a ley, tengan por seguro que no habría aguantado tanto en pie. Y a pesar de la estocada traserísima y los dos descabellos, hasta hubo petición, mientras esos jóvenes se hacían oír defendiendo el buen nombre de su plaza. A su segundo, ya del Puerto, le dio la misma lidia, esa que consiste en dejarle a su aire, aunque a veces el número de capotazos supere los límites recomendables y soportables. Más vulgaridad con la muleta, con trapazos destemplados, dejándose tocar la tela en exceso, muy fuera, para acabar en las inmediaciones de toriles. Parsimonioso el galo, Se entretiene en exceso hasta para cuadrar el toro, montar la espada y tirarse tras ella. Hasta el toro se aburría de tanta lentitud. Hubo de matar el sexto por cogida de Javier Jiménez, lo que hizo sin problemas.

Javier Jiménez se encontró con uno del Puerto que se tropezaba hasta con el aire y debieron pensar que el ejercicio le rehabilitaría de su invalidez manifiesta, que se pusieron a pegarle capotazos, como si no costaran. Por supuesto que no se le picó, faltaría más, como a sus compañeros. Las fuerzas no les llegaban ni para un cachete en el morrillo. ¡Qué desesperación! Y para colmo, quizá por esa falta de fuerzas y queriéndose defender, el animal empezó a echar la carita arriba. Un muletazo y al suelo, otro más y a despanzurrarse en la arena. Javier Jiménez no parecía tenerlo muy claro, si citarle por el derecho, el izquierdo o llamar a los camilleros. No había nada que hacer pero al menos el matador respondió de la única forma en que podía hacerlo, tirándose a matar entregado y cobrando una estocada entera. El sexto hasta se arrancaba con alegría al caballo, pero ya en el peto buscaba darse la vuelta, con la cara muy alta, esperando poder deshacerse de ese palo incómodo. Comenzó el sevillano con muletazos con la mano alta, el toro tiraba derrotes y en uno de estos le prendió, manteniéndole sobre el pitón una eternidad. Como ya he comentado, se tuvo que ir a la enfermería, ocupando su puesto Castella.

A Alejandro Talavante había quién le esperaba como figura de la modernidad, otros solo veían a un torero perdido definitivamente y otros con la ilusión de verle hacer el toreo, pero creo que de estos no había muchos. Al primero suyo no es que se le picara mal, es que no se le picó y encima el palo se lo apoyaron en mitad del lomo. La verdad es que se mascaba la apatía que transmitía el extremeño. Capotazos y capotazos, sin encontrarle el sentido a tanto sacudir las telas. Ya en la faena de muleta, trapazo tras trapazo, dejando que le tocara demasiado las telas. Derechazos sin templar jamás, lo mismo al natural, pico, para acabar frente a toriles. Un pinchazo y cinco golpes de verduguillo y a olvidar al del Puerto. Para hacer quinto salió un inválido más del Puerto de San Lorenzo, una cabra de Torrealta y el definitivo, un buey del Conde de Mayalde, grandón, gordo, cornalón, que nadie aplaudió, aunque haya quién piense que estas moles gustan en Madrid. Al menos este sirvió de descanso para esa juventud que llevaba un buen rato desgañitándose protestando invalidad y chivas. Salió olisqueando la arena, frenándose y hasta cruzándose por un momento por el pitón derecho. Picotazo y corriendo al picador reserva, dónde ya se empleó más, la búsqueda de la libertad perdida. Empezó Talavante por el pitón izquierdo, dejando que al ir a rematar le enganchara en demasía la muleta. Un natural templadito y ahí empezó una lucha del que quería y del que no se entregaba. Y en esta disputa, mientras Talavante buscaba y buscaba, surgió el milagro, fueron solo unas ráfagas, pero hacía tanto que no se veía torear. Quizás dos naturales y un derechazo, porque no fueron más, tirando del toro y rematando el pase atrás. Faena de altibajos, intermitente, pero en la que asomó el toreo. Tres pases de pecho hondos y toreando y una estocada entera y algo defectuosa de colocación, pero tras tirarse a ley. No va a ser la faena de su vida, ni tampoco para ponerle un azulejo, pero al menos recordó lo que es el toreo. ¿Y qué hacían esos inconformistas y protestotes de los jóvenes de la grada? Igual pensarán que protestar, porque es su condición, pero no, no se equivoquen, porque ellos, como todos, quieren disfrutar el toreo, aunque ahora dicen que hay que emocionarse. Vieron como un torero toreaba y un toro obedecía los engaños, según mandara el matador. Fueron unas gotitas, pero estos, como toda la plaza, lo supieron apreciar, lo que no quiere decir que s descabalgaran de sus convicciones y de esa frase tan cortita y tan llena de contenido que dice: Madrid es plaza de primera, honradla.


viernes, 19 de mayo de 2017

¿Nos hemos portado bien?


Cuando un banderillero aporta más que los maestros

Que no tengan queja de la afición de Madrid, cualquier cosa menos ofender a los taurinos, que no se nos vayan a contrariar por un quítame allá esas pajas; pídannos lo que quieran y sus servidores de la plaza de las Ventas nos entregaremos en cuerpo y alma para satisfacer sus caprichos, por absurdos, injustos y estúpidos que sean. No hará falta que tengan que llegar a entender a esta afición, a saber de sus gustos, de sus filias y sus fobias, no piensen que para Madrid lo primero es el toro y después la verdad del toreo, que no les llenan pinturerías vacías, ni retahílas trapaceras sin fundamento ninguno, despreocúpense de eso. Que Madrid cumplirá sin rechistar con la función del buen aficionado: pagar y callar. No importará que se sienta estafado, engañado, timado, afrentado, no respetado, ni tenido mínimamente en cuenta. Si ustedes quieren jalear a ganaderos que crían reses a las que ni el más optimista podría llamar toros de lidia y a esos mismos engendros infames que cuelan como tales, pues adelante. Que se ven en la necesidad de justificar tanto incompetente que viste de luces y que podrá empalmar docenas y docenas de pases amarrados a la mentira del toreo, pues no solo se justifican, sino que se les ensalza de la manera en que se hizo con los maestros eternos. Que se quieren doblegar a esos soberbios y caprichosos enterradores de la Fiesta, pues cuerpo a tierra. Y si se da el caso, hasta el silencio entregamos en ofrenda para que los transeúntes devoradores de pipas, yintonis o bocadillos de record puedan jalear groseramente la vulgaridad y lo que ellos consideran algo divertido. Pero por favor, no pidan a esta afición de Madrid, bullanguera, ruidosa, indómita, díscola y con formas de ver el toreo a su manera, pero que siempre se ha entregado como ninguna al toro, toro y al torero que se ofrece al torero eterno, a estos no les pidan que echen ni un puñado de tierra sobre el cuerpo inerte de la Fiesta de los Toros, esa que quisieron mantener viva, pero que toda esa gente se empeñó en apuntillar, porque era divertido, porque no cabía la crítica y la exigencia. Entiérrenla ustedes solitos y si les apetece, háganlo con sus pipas, sus yintonis, sus bocatas, sus orejas infestadas de garrapatas, mientras unas figuras carnavalescas las portan con el estúpido orgullo del que un día vio amanecer y se pensó que había descubierto el día y la noche.

Líbrennos los dioses de afear la corrida que al final logró componer Parladé con un remiendo imposible del Montecillo. Con el trapío propio de una plaza de tercera, motivo por el cuál más de media plaza no solo no entendía las protestas, sino que además le molestaban. Flojos, incapaces de cumplir en el primer tercio. El primero cabeceaba con desenfreno, el segundo, que era el quinto antes de que se corriera turno al devolverse el titular, anduvo a su aire, sin que se le amagara con picarle ni un poquito; el tercero que se quería quitar el palo, no fue picado; el cuarto pegó sus arreoncitos en el reserva, para solo dejarse ya a contraquerencia; el mulo quinto no quería ni que le hablaran del palo; y el sexto, que parecía que quería empujar cuándo le tapaban la salida, también se libró de las inclemencias de la puya, no fuera a ser que se derrumbara, como parecían amagar sus hermanos.

Curro Díaz recibió con garbo a su primero con verónicas, rematadas airosamente a una mano. Tras un desarme le puso en serios apuros, pero poco más, faena a un cuasi marmolillo, con lo justo para cubrir el expediente. Al cuarto no es que le hiciera demasiado caso, tú no te metes conmigo, ni yo contigo. Luego vino una faena de haber si me pongo bonito y se me entusiasma el personal, pero unos no debían estar en su día y otros, que el cielo les perdone, censuraban su toreo perfilero, escondiendo la pierna de salida y apoyado en el abuso del pico. Tampoco el animal daba para mucho, confundiéndose por momentos sus andares con los de una acémila del Rocío.

Los revisteros y algunos espectadores aseguran de que Paso por las Ventas un tal Fandiño, que da la sensación de que si pudiera pasar, como en el mus, pasaría a todo, a grande, chica, pares y juego y hasta al de oca a oca y me las piro, porque me toca. Pero la cuestión es que no asimila el que el personal no le jalee los trapazos indecisos entre carrerita y carrerita para recolocarse, mientras dejaba pasar el rato. Al manso y complicado quinto, no le quiso ni ver, con un pitón derecho imposible por el que cortaba un mundo y un izquierdo por el que aprendió en seguida lo que había allí. Solo Víctor Manuel Martínez puso las cosas en su sitio con un par a ley, del que resultó cogido al intentar salir del embroque. El animal no tenía ni un pase, ni medio y a los dos segundos el matador se dio media vuelta para ir a por la espada. Los más optimistas pensaban que podía ser una buena idea, que le machetearía por abajo con rotundidad, para en el momento en que le pidiera la muerte, cuadrar y tirarse detrás del estoque, pero ya digo, eso era cosa de optimistas. Volvió y le soltó una entera que hizo guardia y en mitad de la bronca se permitió hacer gestos al que con su óbolo iba a colaborar en que él cobrara por no querer estar, que estando sin estar, al final, cobró. Y de esa gente a la que dedicó esos amables gestos de soberbio incompetente al que no se le vio ni un gesto de torero.

Mal se comportó la afición de Madrid al no hacer salir a saludar a David Mora al finalizar el paseíllo, tras su última hazaña de escuchar los tres avisos en su última comparecencia. Los méritos siempre deben ser reconocidos y en esta tauromaquia 2.0, parece ser que eso del toro al corral es mérito para ser reconocido allá dónde vaya. Pero Madrid es Madrid y no hay que darle más vueltas. Con su primero, quizá por eso de castigar al personal, se puso muy pesado, empezó con pases por detrás y por delante, para a partir de ahí soltar de golpe su repertorio de destoreo recién llegado de París. Muleta atravesada, cites fuera, al hilo del pitón y sin amagar tan siquiera con rematar uno de sus trapazos. Y como Mora es altote, se debió atracar de toro y dejó una entera muy trasera. Al sexto lo recibió a la verónica en un entre medias de echo el paso atrás, que si, que no, que parece que no, pero que sí. Dos pares de mérito de Ángel Otero, ganando muy bien la cara al toro. Inició el último tercio con latigazos por abajo, con el Parladé tomando la muleta con ímpetu. El espada se limitó a aprovechar los viajes, pero sin mandar jamás, sin aplicar el temple en ningún momento y los mismos defectos de siempre en cuanto a la colocación de él mismo y del engaño, muy fuera, incluso con enganchones, hasta que el animal se fue parando. Nueva entera trasera y el presidente, un as de la cibernética, debió contar los pañuelos, los multiplicó por dos y decidió que había mayoría. ¡Zas! Orejita, hala Madrid ya se portó como los niños buenos y el señor Mora se pudo llevar su vivero de garrapatas para casita y lo pasado, pasado. Y ya solo nos que da preguntar a los señores de la tele, a los de los medios oficiales, a los que van a divertirse, a David Mora, a la cuadrilla de David Mora, al coger de David Mora y a quién sea pertinente, ¿nos hemos portado bien?


jueves, 18 de mayo de 2017

Cuánto racaneo pa’ na



Algunos, más que asomarse al balcón, parecen apoyados en el quicio de la mancebía

Aquí o cambia la cosa o no vamos a ninguna parte, porque entre los díscolos ya archiconocidos que desahogan en una plaza de toros lo que no les dejan expresar en casa; un presidente que niega un cuarto par y que para más INRI niega un despojo a un torero; tres toreros que no se estiran para al menos regalarnos un capotazo o un muletazo que nos llene el ojo, da igual quién, que se pongan de acuerdo entre ellos y lo decidan; seis toros que entre todos no son capaces de aguantar un puyazo y seis picas que ni por asomo parecen decididos a dejarnos un puyazo en lo alto del morrillo, que también se pongan de acuerdo, que lo hagan a suertes, el que saque la pajita más larga, ¡Pum! Premio, a picar. Pero un poquito más de generosidad, ¡hombre! Que el personal se estira menos que una liga de madera.

Yo no sé ustedes, pero cuándo vi salir al primer Fuente Ymbro, feo y justo de trapío, como todos, una vez espabilado de su siesta, y que el Fandi le recibía con dos largas de rodillas, me: hoy va a ser el día. Que tengo yo ilusión de ver triunfar a este chico, pero no me ha durado mi neofervor fandinista ni dos suspiros, ha sido  verle un quite por, ¿cómo diría yo? ¿Chicuelifalleras? Mitad chicuelitas, mitad tafalleras, que ya me ha dejado tocado. Imposible picar a su toro, no fuera a ser que se derrumbase, pero como todos sus hermanos, que entre todos igual juntaban un raspalijón. Y feos y mal presentados, que no se imaginan. ¿Qué le habría costado al ganadero juntar una corrida medianamente presentable. A unos los cría con maíces raros, pero a estos les debió dar altramuces. Tras ese no tercio de varas, el Fandi calentó motores y tomó las banderillas. ¡Ufff! Que lo de las carreras uno ya lo tiene asumido, pero clavar todas las veces desde el costado. Menos racanería y un poquito de generosidad con el aficionado. Y como el tercero le salió cuchuflús, pidió permiso al usía para que le dejara poner el cuarto y yo les confieso que me pareció que se lo dio, pero que el maestro no se enteró y siguió rogando, pero para esos momentos el del palco ya dijo que nanay, porque sí. Cómo se puso el Fandi, y con razón, que la tenía, porque no le dejaron destrozar otro par. Estaba tan muerto el bicho, que casi no permitió que le metieran el pico, ni casi trapazos, pero en el cuarto se desquitó. A este empezaron dándole dos mil capotazos, mantazo arriba, mantazo abajo, pero él erre que erre, que buscaba la querencia de manso. Nuevo show en banderillas y esta vez, el granaino, que otra cosa no, pero avispado es un rato, en la tercera entrada cogió dos pares y como los anteriores, también los destrozó, incluido el del violín. En la muleta el Fuente Ymbro iba y venía que era un gusto, al más puro estilo toro de la modernidad. Anda que no le endilgó series Fandila, ya no nos quedaban dedos en las manos para contar las tandas y al que contaba los muletazos a ley le sobraron los diez dedos y los reservas de las extremidades inferiores. De rodillas empalmados que no ligados, por el izquierdo sacando el culo, con perdón, por el derecho, por todas partes, para terminar en toriles, amablemente invitado por el mansito noblón. Bajonazo dejándole el trapo tapando el sitio de la espada y petición que el señor presidente no escuchó. ¿Había pañuelos? Vaya usted a saber. ¿Había méritos, incluyendo el sablazo y los dos descabellos? Pues no. Pero el Fandi se habrá ido pensando que hay muchas racanería por aquí.

Miguel Ángel Perera ha estado, ¿cómo se lo diría yo? ¿Recuerdan ustedes las faenas del último lustro de este torero? Pues igual, pero aún con menos ganas. Ni el mimo de Curro Javier en la lidia del segundo le animó. Mucho trapazo intercalado de carreras, para eso, para no llegar a nada, si acaso a un bajonazo trasero, más allá incluso de la paletilla. A su segundo, el quinto, que fue el que más se empleó en el caballo, que no quiere decir que le aplicaran castigo alguno, le aplicó la misma faena, con las mismas carreras, con los mismos retorcimientos y la misma muleta atravesada. El toro tampoco tenía mucho, pero como este torero, al igual que muchos, parece que trabaja con taxímetro, pues nada, se lio a dar rodeos y más rodeos, para justificar la factura por su actuación.

El tercero era José Garrido, al que para abreviar se le podía casi aplicar lo mismo de siempre y del toreo moderno, pero con ademanes de artista consumado. A su aire en el primer tercio, mal colocado, a veces circulando por el ruedo como un bulto sospechoso. Con la muleta inició desde los medios, llamando al Fuente Ymbro que andaba entretenido en las tablas. Tandas nada templadas, abusando del pico, brazo estirado y teniéndose que recolocar a cada momento, haciendo con las piernas lo que no consigue con la muleta. Si bien es cierto que los muletazos iban ralentizándose, no por mando, sino porque el animalito ya se estaba quedando parado. Quizá tenía una orejita en el esportón fruto de ese toreo modernista de masas, cuando un pinchazo hondo y dos golpes de verduguillo acabaron con sus ilusiones. Asomaron pañuelos vociferantes, pero el usía estaba rácano, no había manera. ¿Qué más le habría dado a él? Ni que pagara él la juerga. Ya en el sexto no quedaban ganas pa’ na. La misma historia del caballo y a la muleta, que es lo que vale hoy en día. No había hecho nada más que mostrarle la pañosa al toro y al suelo rodando. Pues sí que empezamos bien. Mucho retorcimiento, mucha vulgaridad, enganchones y falta de todo, lo recomendable, y abundancia de todo, lo no recomendable. Y así acabamos otra más, con el run run del cuarto par, de la oreja no otorgada y el no permitir la felicidad en el personal que con tanta ilusión había ido a ver a los de Fuente Ymbro, al Fandi, Perera y Garrido y es que al final, cuánto racaneo pa’ na.

miércoles, 17 de mayo de 2017

El público tiene la culpa


Ahora, más que nunca, se recuerda a Joselito.




Da gusto comprobar la atención que desde diferentes puntos, desde los micrófonos de la tele especialmente, dirigen al público de Madrid. Mi enhorabuena, eso es saber orquestar una campaña contra un posible enemigo que pueda echar a perder, aunque sea momentáneamente, el plan de adormecimiento y anestesiado del que algunos dicen los últimos díscolos del mundo de los toros, los que no permiten no que la Fiesta crezca, sino que estas gentes puedan deambular a sus anchas y sin temor a que nadie les diga que no. Madrid de repente se ha vuelto loca, de un tiempo a esta parte no permite que los toreros expresen y un sector, siempre es un sector, se ha convertido en un elemento insoportable que solo piensa en sabotear esta verbena, descargando así su amargura. Y lo peor de todo es que se creen que saben porque gritan. No hombre, no, lo único que pasa es que a muchos habituales ya les sangra el alma de ver como tarde tras tarde y año tras año, le roban la cartera con inválidos y con señores que se visten de luces. Pero que ni de lejos tienen la intención de actuar como matadores de toros. Pero igual es que este año el señor Casas, don Simón, se siente especialmente afectado por las protestas y preferiría que de una manera o de otra. Sean silenciadas per secula seculorum. Y entre los señores de los micrófonos y los que les escuchan desde sus casas y una tarde les da por asomarse a las Ventas a ver al paisano, pues ya tenemos el montaje a punto.

En la tarde anterior se enfadó mucho el paisanaje de los tres acartelados y se habrán enfadado los de hoy y lo harán los de mañana y pasado y al otro y al otro, porque resulta que hay unos tipos amargados y mal encarados, que pagan religiosamente su entrada y que están dispuestos a muchas cosas, pero no a que les engañen y les guinden el precio de la entrada dándoles inválidos por toros, ni figurines por matadores de toros. Eso sí, estos educados transeúntes, fieles a la doctrina seguida por el señor Fernández Román, por el señor Amón, el señor Apaolaza, por el señor Muñoz y por don Maxi, del que ignoro su apellido, no dudan en mandar callar al disidente, ni exigirle que no venga o que se vaya, simplemente por no tener la misma opinión. ¡Ole, ole y ole! Y que viva el espíritu democrático y las buenas maneras de estos caballeros con unas tragaderas más amplias que el Canal de Panamá.

Estos díscolos son los culpables de que el señor del Álamo no sea capaz de recoger un toro sin rectificar a cada lance, de que a su primero no se le haya podido picar por riesgo de derrumbe del animal oque ya en la faena de muleta el salmantino se haya entretenido en dar tandas y tandas de trapazos largando tela, sin llevar jamás toreado al de Lagunajanda, abusando del pico de la muleta, de que el animalito no se sujetara en pie y de que se le despachara de un bajonazo insultante. También puede ser responsabilidad de Madrid del tipo chivo que hizo cuarto al que abandonaron a su suerte en el caballo, de que no se le pudiera picar mientras cabeceaba desesperadamente o de que nuevamente el matador deambulara entre muletazos desganados, enganchones y sin poner jamás la muleta plana y de que se pasara el toro allá en las lejanías, de que haya pasado como un alma en pena, como tantas y tantas veces, pero sin el valioso apoyo de sus convecinos mirobrigenses.

También es culpable la afición venteña, perdón, un sector de reventadores y saboteadores amargados, de que el primero de Jiménez Fortes saliera ya dando traspies y de que le tuvieran que poner a palmo y medio del caballo, pero tan poquita fuerza tenía, que ni podía empujar, aunque el animalito quisiera. Debe ser que ese grupito forzó a Fortes a recibirlo de rodillas para que acabara liándose de mala manera y ya de pie, liarse a pegar trallazos sin ningún asomo de temple. Que tanto, tanto atravesaba la tela, que el animal se le colaba una y otra vez, defecto que no pareció intentar resolver el torero. Se le apreciaba voluntad, pero poco más, enganchones, mala colocación, llegando a hacerse pesado, pero como tenía ganas de estirar las piernas, se dio la vuelta al ruedo, eso sí, obviando las protestas de los malotes del barrio. Es más, en estos casos tenían que ser dos las vueltas. Quizá en su segundo fue desde los tendidos desde dónde le hicieron culebrearcon el capote  peligrosamente en la cara del toro, lo que tampoco me extrañaría, porque además de los vociferantes, están los educados que se levantan, entran y salen o se ponen a llamar al cervecero cuándo les sale de ahí mismo; y no les digas nada, que te la arman, pues no son ellos nadie. Pero estábamos en el quinto, que aún con un solo pitón, puso en apuros al picador, que se esmeraba en taparle la salida. Tras un desastroso y desordenado tercio de banderillas, que vaya usted a saber por culpa de quién, recibió al toro con telonazos, un invertido con la izquierda, prólogo de un repertorio en el que no se acababa de saber a dónde quería llegar. Para que luego digan que la gente se solivianta. Si es que crean mucha inquietud ese no saber a dónde quieren llevarnos. Una faena de esas que gustan en esas plazas de Dios, pero que los exacerbados  madrileños no acaban de entender, pero que se pongan como se pongan, tienen que aguantar ese trasteo largo, largo, largo y más aburrido que largo, largo, largo y más insustancial que ...

Y acababa Román su feria. La verdad es que le vamos a echar de menos, porque torear, torear, no sabrá mucho, pero, ¿y el afán que le pone? ¡Ojo! Que servidor ha oído por ahí que el chaval poco menos que ha toreado como los ángeles, pero ya saben, es lo que tiene el ser de Madrid, que se nos nublan los sentidos. Lo que sí que se le vio es poner el toro al caballo y dejarlo en buen sitio, que ya es de valorar. Lo que no era garantía de que no cabeceara, ni que no se le pudiera picar. Complicado por el pitón izquierdo, esperando a los banderilleros, para en el último momento pegar el arreón. Eso sí, ya en la muleta, puándole citaba dándole distancia, el toro iba a la muleta, mejor por el izquierdo, pero el valenciano se limitaba a ofrecerle la muleta torcida, sin templar y teniéndose que estar recolocando entre pase y pase. Como la cosa no iba para arriba, tiro del recurso de meterse entre los pitiones, siendo enganchado en una ocasión, lo que enardeció al respetable y si no hubiera sido por tanto fallo con los aceros, seguro que habría tenido petición, pero de los buenos, no de los siesos de Madrid, que esos no dan ni un respiro. Al sexto, que fue ovacionado de salida por su imponente lámina, le abandonaron a su suerte cerca del caballo, al que fue con la cara muy alta, tapándole la salida y con dificultad para sacarlo del peto, especialmente mientras él estaba por dentro, pues se enceló con el caballo y no había manera. Bien cogido en el segundo encuentro, mientras el de Lagunajanda quería buscar el estribo izquierdo del penco. En el desorden y falta de atención de los capoteros durante el segundo tercio, hasta pudo lamentarse algún mal revolcón, mientras el toro se empezaba a adueñar del ruedo. Ya en la muleta, Román tenía la oportunidad de demostrar su torero ante un animal que no lo ponía fácil, pero al que daba la sensación de que se le podrían hacer cosas, cosas que por otro lado tendrían su valor, precisamente porque se lo daba el propio toro, pero esa mala costumbre de pegar pases y no de torear, es la que hizo que Román no consiguiera un triunfo de verdad, pero como pasó con sus compañeros, fue él que no hizo las cosas, el que no supo y nadie más, aunque si hacemos caso a esos señores, y a algunos más, de la tele, si no se triunfa en Madrid es que el público tiene la culpa


martes, 16 de mayo de 2017

No proteste que se me bloquea el móvil


A veces nos recuerdan demasiado a las capeas, con ese ir cazando muletazos allá dónde pillen toro.


Con lo bonita que estaba la tarde, cálida, con el solecito ese agradable que no aplasta, el día del patrón, un cartel de primor y la plaza casi llena, con un ambiente tan amable, como ñoño. Lo primero se percibía a la legua y lo segundo se sufriría un ratito después, justo cuándo empezaron a torcerse las cosas, nada más salir el primer toro, y cuando empezaron a pensar que las protestas podían chafarle la tarde. Ellos, experimentados aficionados, que van, haga frío o calor, una tarde por año, aunque luego sean de los que te preguntan a finales de abril que ya pronto empezarán los toros, sin echar cuentas de que a esas alturas ya los hay que han pasado frío y calor por un tubo en la plaza de Madrid. ¿Y el garbo con que manejan el móvil para estar mandando fotos de los colegas, del colega de al lado, de los alguacilillos, del toro, del torero, de una paloma que pasaba, del paquetón de pipas, del tanque de yintonis, del bocata imperial y de… de lo que sea. Si además de todo eso son capaces de seguir la corrida, yo me descubro ante ellos. Con lo que a servidor le cuesta, que pestañea y ya se ha perdido algo importante.

Que decían que comparecerían Curro Díaz, el primor del arte; Paco Ureña, la esperanza del aficionado; y López Simón, quién ha pegado tantos bandazos últimamente, que uno ya no sabe dónde ponerlo. Curro Díaz recibió a su primer Montalvo de forma aseada, a la verónica, no pudiendo evitar que perdiera las manos. Y dos veces que pasó cerca del caballo fue suficiente para que el matador considerara que estaba picado. Perdónenme, pero burlas, las justas. Será eso de que había que cuidar al toro, que inválido aún tuvo fuerzas para llevarse por delante a Manuel Muñoz y mandarle a la enfermería. Y el maestro, como es artista y el personal algo ha oído de eso, se puso a “componer”, lo que de toda la vida de Dios se llamó poner posturitas y con el pico de la muleta y escondiendo la pierna de salida liarse a pegar pases, muy conspicuo él, sin perder la compostura ni con un primer bajonazo. Luego sufrió una situación complicada en una segunda entrada, quedando enganchado en el pitón, aunque parece que afortunadamente la cosa no fue a más, aunque pudo haber sido algo serio por la forma en que quedó prendido. En el cuarto la tarde ya había entrado en faena entre inválidos no devueltos, suertes de varas simuladas, y los reyes del güasap, que no entendían que nadie protestara, quizá porque en su grupo “los guays de la Fiesta” nadie les había avisado de que les estaban tomando el pelo. Al cebón que hizo cuarto le dieron más de lo común en varas y a lo largo de la lidia fue acusando más el defecto de cortar por el pitón derecho. Así Curro Díaz baso su trasteo en el pitón izquierdo, sin poder bajar la mano, so pena de que el animal rodara por la arena. Tanda tras tanda, unas con enganchones, Citó de lejos, pero manteniendo una distancia más que prudencial entre la trayectoria del toro y él mismo. La muleta muy torcida, él muy fuera y el toro dejando espacio para que pasara la Asociación del Chotis Cielo de Madrid y tres más. Muletazos sin rematar y quitando el engaño de golpe. Las protestas ya eran más que evidentes, por un lado los que protestaban el quehacer del matador y por otro los que protestaban por los que protestaban. Y es que así no hay quién dé pie con bola con el güasap. Curro Díaz ya se mostraba un tanto contrariado, pero les aseguro que no tanto como los que fueron testigos del infame bajonazo con que se quitó de encima al de Montalvo.

A Paco Ureña se le espera siempre en Madrid, pero parece que el espada aún no se ha hecho a la idea o quizá es que no está preparado para este tipo de ganado al que le cuesta aguantarse en pie. Al flojo segundo no es que le hiciera demasiado caso en eso de llevarlo al caballo y esas cosas. Lo deja a su libre albedrío. A medida que discurría la lidia, era palpable el que el animal se iba parando un poquito más, hasta el último par de banderillas, en el que ya directamente esperó a que le llagaran. Se dejó tocar mucho la muleta, con enganchones y pases faltos de temple, a un animal que no humillaba jamás y que salía del engaño mirando para Cuenca. Mano alta y en una breve fase, a lo más que pudo llegar el murciano fue a empalmar un par de derechazos. Fea fue la estocada, haciendo guardia, aunque como par3ecía que estaba toda enterrada en el toro, aún despertó el entusiasmo de algunos. Pero en seguida se dieron cuenta del desbarajuste, el güasap no iba bien ni con el güifi, ni con lo otro. En su segundo recibió un porrazo impresionante del toro, que le estampó literalmente contra las tablas, dejándole visiblemente dolorido, como para no. El matador optó a pesar de todo por seguir en la arena y fue la cuadrilla quién llevó todo el peso de la lidia. Se puede decir que medio cumplió el de Montalvo en el caballo, pero ya llegó arrastrándose al último tercio. Pases por alto de recibo, pero no había forma. De nuevo volvió a hacer guardia la estocada, pero permítanme que en estas condiciones no juzgue al torero. Hubo alguna protesta, pero había que tener muy en cuenta la forma en que fue atropellado ya de salida el espada. Otra cosa es el motivo, pero eso ya si acaso lo hablamos en el grupo de güasap, ¿no¿

Lo de López Simón es un caso de esos en los que uno no sabe si va o si viene, pero lo que parece evidente es que no está en su mejor momento y que no está tan centrado como debiera, eso sí, en su primero puso al toro al caballo las dos veces, para que le picaran nada y menos, trasero y tapándole la salida. Pero que debía ser el sitio bueno, porque a los banderilleros les hicieron destocarse, precisamente por parear trasero. Y el güasap sin funcionarme y yo sin hacerle caso. Ya en el último tercio, el madrileño desarrolló un toreo moderno al detalle, sin preocuparle el que el toro se le pusiera de hinojos a los primeros trallazos. Pico a destajo, distante y estirando el brazo cuándo era menester, alargando la faena hasta la desesperación del respetable, que si la cosa se lia un poco más, seguro que algunos en su desesperación habrían dejado el móvil y le habrían tirado una pipa. A su segundo, el sexto, acordaron en consenso no picarle, bajo amenaza de echarle del grupo de güasap, porque si el animalito no podía con su alma, como para poder con el palo. Echaba la cara arriba en banderillas por el pitón derecho, lo que nio impidió que López Simón se liara a pegar trapazos siguiendo la tónica habitual y sin pararse ni por un momento, cazaba un muletazo por aquí según venía, otro por allí y así nos dieron las nonas y tras casi media caída y tendidísima, el personal se dispuso a recogerse, no sin antes manifestar su descontento, a lo que el afanado de turno saltó cómo un resorte con eso de no proteste que se me bloquea el móvil.

Enlace programa Tendido de Sol del 14 de mayo de 2017:

domingo, 14 de mayo de 2017

Piénsense mucho las cosas antes de exigir respeto

Quizás la línea que separa el arte del toreo de los matarifes es el cómo se sacrifica al toro. No todo vale para quitarse del medio al toro, que merece el máximo respeto, especialmente dentro de una plaza de toros



Una cantinela repetida una y otra vez, hasta casi llegar a ofender, es eso del respeto a los toreros, a los que se visten de luces, a los que se ponen, como dicen ellos, a los criadores de animales, al que organiza los festejos, al que corta las entradas, al que te acomoda, al que vende los refrescos, a los jóvenes que te dan el programa, a los monosabios, a los mulilleros, al que peina canas, al que las lleva alborotadas, a todo quisque, lo cual está muy bien, pero, ¿quién respeta al toro? ¿Quién respeta a la Fiesta? ¿Qué afición pueden tener los que permiten que se apiole a un toro desde dentro del burladero, porque el matador no ha sido capaz? ¿Qué dignidad se le da al toro? ¿No merecía otro trato el toro del Pilar, el quinto, que debía volver a los corrales tras haber escuchado su matador los tres avisos? Pero no se sabe por qué, ni con qué fundamento, apareció el señor puntillero de la plaza y despenó al que no pudo quitarse del medio David Mora. Con una rapidez asombrosa y a partir de ahí brotaron todo tipo de conjeturas. Se decía que había recibido permiso por la autoridad; el presidente, que es la máxima autoridad en la plaza, lo niega de todo punto y refuerza su postura afirmando que el puntillero será propuesto para ser sancionado. Pero ni el delegado del callejón, ni los señores alguacilillos, que también son autoridad aunque últimamente no lo parezca, lo evitaron. Hasta algún compañero de grada buscaba una explicación que no parece descabellada y es que el señor Casas, don Simón, igual no quería que hubiera foto de los cabestros llevándose el toro de su poderdante. Ya digo que todo son conjeturas, pero lo que está claro es que esto se nos va por el desagüe, lo importante es acabar con el toro de la manera quesea, da igual cómo, cuando precisamente ese cómo es la línea que separa el arte de la tauromaquia de la actividad del matarife. Pero los públicos, la afición, los modos y las formas de pensar han cambiado tanto. Tanto que algunos no logramos identificarlo con lo que nuestros mayores nos enseñaron. Quizá tendríamos que echarle una pensadita a todo esto. Qué cosas, una tarde de toros y nos enganchamos con un acto infame y cobarde, del que habría que pensar si realmente el puntillero de la plaza, don Ángel Zaragoza es el culpable o simplemente fue el brazo ejecutor de una orden mal dada, que encima le hará pagar a él las consecuencias.

Seis mamotretos, seis del Pilar, que si llevaban entre poco y nada dentro, alguno quizá hasta menos que nada, fueron manejados torpemente por unas cuadrillas que por lo desarrollado en el ruedo, a eso de la lidia parecería que respondieran que encantados de conocerla si es guapa y buena moza, porque de someter a los toros, nada de nada. El primero, picado trasero, mostró fijeza en el caballo y si empujaba algo era para afuera, buscando tener franco el camino de la huída. Vistoso quite de Urdiales a la verónica, que aprovechando esa veta de inspiración llevó al animal con lucidos delantales a un segundo encuentro con el de aúpa. El toro parecía que podía tener al menos tres tandas medio apañaditas, pero los torpes y abundantes capotazos de El Víctor, incluido un porrazo contara las tablas, echaron a perder cualquier asomo de algo que nos alegrara el cuerpo. Dos primeras tandas aseaditas del riojano, pero escondiendo la pierna de salida. Templado, pero esperando a que el toro lo hiciera todo y eso era mucho esperar. Y sin haber llegado a nada, la cosa fue aún a menos. Al cuarto no hubo quién le fijara a los capotes. Poco se le castigo en el caballo, del que se iba con un desdén desesperante. Incierto, a veces cruzándose peligrosamente, cuando no se despanzurraba por la arena.

David Mora hace tiempo que parece no estar y los aficionados se alegran mucho de su recuperación de aquel percance en esta misma plaza, pero cuando no se puede, no se puede y él, no puede. Si ya antes tenía muchas deficiencias para dominar a los toros, lo de ahora ya es más que preocupante. Su primero salió buscando la huída constantemente, pero sus pocas energías le impidieron saltar la barrera. En medio de un desbarajuste monumental en el ruedo, el animal, al que le picaron traserísimo, no paró de derrotar al notar el palo. Se le picó poco y mal, lo que le hizo quedar con muchos pies para el segundo tercio. Iba como un tren, destemplado y con brusquedad, lo que complicaba el parearlo y más desde lejos como lo intentó Ángel Otero. La cosa no era fácil y tenía su mérito dejar los dos palos en lo negro y otero los dejó, provocando el entusiasmo generalizado, a pesar de clavar en mitad del lomo el primero y en la paletilla el segundo. Ya digo que no le quiero quitar méritos, pero dónde se clava también tiene su importancia, ¿no? En el último tercio David Mora quiso limitarse a dar muletazos y más muletazos, mientras el del Pilar se quería ir y poco a poco iba llevando al matador a su querencia. Luego en el quinto, al que recibió con verónicas arrebatadas, no le logró sujetar en ningún momento, él solito fue al caballo, total, para qué llevarle la contraria. Luego vino una faena con el matador encogido y con un pie listo para dar el respingo, con muchas carreras y cazando muletazos allí dónde pillara toro. Luego vino lo del pinchazo y media caída, para directamente olvidarse de aquella máxima de los toros se matan con la espada y tomar el verduguillo para liarse a soltar puntadas, estuviera el toro descubierto o no, ya atinaría, pero no atino, sonaron uno, dos y tres avisos y cuándo ya estaban desesperezando a los cabestros, pasó lo que pasó y que no vamos a repetir. No es necesario.

A José Garrido un día le pusieron el sello de artista y ahí fue nuestra perdición. Él que se pretende muy pinturero, a veces podría pensar un poco más lidiar y menos en ponerse pinturero. Porque eso puede hasta ir en contra de la lógica del toreo. A su primero le recibió como pudo, intentando hacerse con el del Pilar que se revolvía como una lagartija, echando las manos por delante, No pone a los toros en suerte, los abandona y en lugar de ir el toro al caballo, es el caballo el que tiene que ir al toro. Ya saben, eso de acercar la silla al piano o el piano a la silla. El animal parecía en el primer puyazo que iba hasta a empujar con fijeza, pero después ya empezó a tirar cornadas, no fuera a ser que alguien se hubiera hecho ilusiones. Luego pases al aire, con el pico, recolocándose y si por allí está el toro bien y si no, también. Y para quitárselo del medio, ¿qué hay que no arregle un bajonazo? Al sexto lo recibió por delantales, que es una forma como otra cualquiera de pretender fijar a un toro, rematados con media de rodillas. Luego se pasa el trance de la lidia de la mejor manera posible, sin preocuparse si se está mal colocado o peor y a tomar la muleta, que es lo fetén y lo que interesa en estos casos. Que si al menos hiciera un toreo arrebatador, con duende y pellizco, pero lo del pico, escupir al toro y esas cosas de la modernidad no calan todos los días. Y si además todo esto pasa después del indignante espectáculo después de los tres avisos, pues que igual algunos no tienen el cuerpo para cucamonas y aún tienen en la cabeza la imagen traidora apuntillando a un toro desde el burladero. Eso sí, aquí todo el mundo se pone digno y sin pensar que ciertos actos pueden ser carnaza para aquellos a los que no hay que darles ni agua, que se ocupan de tergiversar sin pudor la Fiesta de los toros para echarla abajo. Y nosotros se lo ponemos en bandeja. Eso sí no nos pongamos demasiado duros, no se nos vayan a ofender los taurinos. Pero ya les digo, otra vez que se sientan tan ofendidos ante las críticas, por favor, piénsense mucho las cosas antes de exigir respeto.


sábado, 13 de mayo de 2017

¡Míseros, más que míseros!


La verónica ya parece cosa de otros tiempos, pero al menos Morenito de Aranda nos regalo un par de ellas




Hoy el Rafi se levantó rumboso, decidido a estirarse y en un gesto rumboso sin igual sacó dos entradas para los toros, una para él y la otra para la Ruz, para llevarla a los toros, que nunca había entrado en las Ventas; con lo que a ella le gustan los toros, esas historias de hazañas pasadas que le contaba su mama, lo del día de las bragas de Jesulín, las tardes del Litri hijo, la confirmación de Cayetano o cuando lo del indulto del Jose Mari, el Manzanares, este año en Illescas. Y ya era hora, la Ruz se merecía esto y más, se merecía el echar la casa por la ventana y allí que el Rafi se volvió loco y sacó dos gradas de sol para él y la Ruz. Como si fuera una reina, hasta el bocata de chicharrones fritos tenía preparado, para que merendara acompañando semejante manjar con una Mixta de limón bien fresquita. Y es que la Ruz se lo merece todo.



Dos graditas de sol, por si llueve y por si refresca, para que la Ruz no se moje y para que sestee en el hombro del Rafi al sol de las Ventas. Y vaya que pudo sestear, los del Ventorrillo venían dispuestos a convocar la siesta más multitudinaria desde que el mundo es redondo y da vueltas. Rafi, ¿para qué salen los señores esos con un palo, subidos en un caballo con faldas? Para nada, bonita, para nada, para dejar que los animalejos se despanzurren contra el peto mientras el caballero se apoya en la vara y se una a la modorra del personal que apenas llenaba media plaza. Mansos con trazas bueyunas, que lo mismo se quedaban debajo del peto a pasar el rato, que salían de najas buscando la calidez que les proporcionan los terrenos de su querencia de manso descastado. El más cumplidor si acaso, fue el sexto, que para adentro se dormía a los pies del penco y que solo respondía un tanto al castigo cuando le tapaban la posible escapada hacia los medios. Y ese cuarto, que habrá que imaginar que en estos primeros días de mayo cumplió los cuatro años reglamentarios para poder ser lidiado en una plaza de toros, pues en los programas solo figuraba que nació en mayo del 13.



El cartel lo componían dos avezados recolectores de orejas autobuseras, Eugenio de Mora, con una aquilatada experiencia en estos menesteres, y Román, alumno aventajado de arañar despojos a fuerza de efectismos superficiales. Y Morenito de Aranda, quien unas veces parece galgo, otras podenco y otras un pegapases modernista más. El toledano Eugenio de Mora dejó claras sus intenciones, él quería hablar de su libro, o lo que es lo mismo, dar muchos pases con la muleta, olvidándose de eso de lidiar con el capote y procurar que se impusiera un mínimo de rigor. Muchos fueron los muletazos que le endiñó a su primero, con inicio atropellado de rodillas, para seguir queriendo arrancar trapazos a un mulo que solo buscaba las tablas. En su segundo, ni trapazos hubo, banderazos para intentar acoplarse y mucha vacilación para meterle mano a aquel Ventorrillo aquerenciado como una lapa a as tablas. Mal con la espada, que lo mismo no acertaba ni a una pelota de playa, que se sacaba un bajonazo de  los que da vergüenza ajena. Pero la Ruz estaba tan feliz en los toros, que ni se sonrojó ante semejante sablazo traicionero. Ella solo tenía la idea de que se dieran muchas orejas, si era a un torero guapo, mejor; descartó casi de salida a Román, aunque los simpáticos también le valían. Román se reengancha al duelo orejil.



Con el ánimo que le pone Romás a esto de torear, pero al final no le queda otra que agarrarse a su permanente sonrisa y a la disposición de los partidarios para sacar los pañuelos sin importarles la censura de los que no tienen esa idea bullanguera y atropellada de la tauromaquia. Quizá cuando más aseado se sienta es durante la lidia en los primeros tercios, él se aparta, deja que el animal campe a sus anchas y que pare dónde quiera y cuándo quiera. Luego con la pañosa, ahí viene lo suyo, trapazos abusando del pico, lo mismo te lo doy aquí, que corro un poquito y te doy otro allá y si las cosas no marchan, arrimón, que con eso siempre está el optimista que se arranca en solitario a dar palmas, como si acabara de descubrir el milagro de la transmutación de los panes y los peces en bocata de sardinas o de bonito con pimientos morrones. En el que cerraba plaza anduvo trapaceando a placer, muy vulgar, de un lado para otro, hasta que las ideas del toro le llevaron a terminar en toriles, previo revolcón de mala manera, que pudo haberle costado un serio disgusto. Un animal que para afuera no se arrancaba ni dándole collejas, pero que para los adentros parecía un tren mercancías, de mala forma y con mal estilo, más para atropellar que en busca del engaño que se le ofrecía. Pero la Ruz siempre recordará a Román, porque al acabar su primero fue cuando el Rafi, le puso la merienda sobre su regazo, justo aprovechando los últimos rayos de sol de la tarde. No me digan que el rafi no es un tío detallista dónde los haya.



Cuando asomó Morenito de Aranda para recibir a su primero, el Rafi sintió una molestia en su corazón, cuando un venablo de la Ruz le atravesó su amor propio en forma de suspiro al ver esos rizos que el burgalés luce con desdén, pero con una intención diabólica. ¡Qué guapo! Y era el segundo de la tarde. A puntito estuvo de no sacar los chicharrones fritos. Menos mal que el quite a la verónica, con dos lances de muy buena traza, en respuesta a unas gaoneras de Román, no fue a mayores y con la muleta, nada logró en ese empeño de ahogar la embestida del toro. Hubo algunos muletazos lentos, pero más por la poquita energía del burel del Ventorrillo, que por un alarde extremo de temple. Que la Ruz se podía haber entusiasmado con los primeros compases de la faena, esos derechazos con media muleta, pero luciendo desmayo y desmadejamiento. ¡Qué planta! Esta se queda sin chicharrones como que me llamo Rafael Extremera Soto.



Pero el Rafi no sabía lo que le iba a venir, que en el quinto le empiezan a jalear el recibo a la verónica, desluciéndose todo por un desarme en el remate. Que la Ruz ya estaba tan ciega, que ni echó cuentas a que dejaran al toro a su aire por el ruedo, dejándole acudir al caballo al hilo de las tablas, a su aire, casi desde los terrenos del diez. Ya en el último tercio empezó citando de lejos, algo a valorar, aunque con muchas prisas, sin templar, ni mandar, muy acelerado. Varias tandas con un derechazo estimable, pero por norma con excesiva premura. Ya avanzada la faena le probó por el izquierdo, más parado, lo que le hizo volver al pitón derecho y seguir con las mismas maneras, ausencia de calma y sosiego en el toreo, muletazos sin rematar y quitando la tela de repente. Pinchazo y una entera para que el usía otorgara un trofeo sin suficientes pañuelos, aunque quizá sería el entusiasmo de la Ruz el que decidió al señor presidente. ¡Guapo! ¡Guapo! Se desgañitaba, mientras el Rafi se arrepentía profundamente de los chicharrones fritos y la Mixta de limón y otros protestaban el excesivo premio a tan pocos méritos, sin que la Ruz pudiera dar crédito a tales protestas y ni corta ni perezosa se encaró con los díscolos disparándoles con su ¡Míseros, más que míseros!