lunes, 23 de enero de 2017

El arte, los artistas, la escultura y las figuritas de Lladró

Yo me atrevería a asegurar que existe una gran diferencia entre el arte y el amaneramiento, pero ya lo dijo aquel, "hay gente pa' to".



En nada ya volvemos al tajo, ya están a punto de abrir las puertas de las plazas de toros, ya se apuntan carteles majestuosos y artistas más majestuosos todavía, que afilan sus pinceles, sus voces o los buriles con que tallar su obra, porque según dicen algunos, sobre todo los propios artistas, sus allegados, los allegados de estos allegados y los que aspiran algún día a ser allegados aunque sea en quinto grado, todos los que visten las calzas rosas son artistas. Que no digo yo que no, Dios me libre, aunque no se crean que me quedo muy convencido, porque claro, ¿quién me evita a mí el que con verlos andar y ver cómo les cae el traje de luces ya me eche para atrás la idea de que tal esperpento caminante sea un artista y haga arte con su cuerpo? Que tampoco estoy aquí abogando por unos cuerpos apolíneos para vestirlos de toreros. Si la cuestión no es esa, la cuestión es como se mueven y lo que con ellos ejecutan capote y muleta en mano.

Pero ahora les da por meter todo y a todos en el saco del arte, que debe ser tan inmenso que caben hasta las figuritas de porcelana de Lladró, sí esas que lo mismo te ponen unos cisnes tirando de un carro alado coronado por una joven acariciando un caniche, que un viejecito fumando en pipa, que una menina inclinada a no se sabe dónde. Y claro, si esto es arte, ¿admite algún paralelismo con los amaneramientos de algunas de nuestras grandes figuras? ¿Se puede calificar lo de las figuritas, las de porcelana, cómo arte escultórico? Bueno, quizá tanto como calificar como arte eso que practican el Juli, Perera, Castella y hasta Manzanares y Morante. Este último podría hacer arte, igual que lo hizo en su momento, si cambia la menina de porcelana por la Madonna esculpida en mármol.

El amaneramiento es arte, el contorsionismo es arte, las estridencias es arte, la vulgaridad copiada una y otra vez es arte; si es que ya todo es arte y todos son artistas. Bueno, no, todo no, todo lo actual, porque lo pasado no llega a tal, porque a los que muchos consideramos artistas, artistas del pasado, otros consideran idealizaciones de mentes seniles y chochas. ¿Se imaginan que apareciera el señor Lladró afirmando que lo de Rodin o Miguel Ángel son idealizaciones benévolas de una mediocridad? Es probable, que le tomaran por loco, por interesado para vender su mercancía, incluso puede que algunos le creyeran un descarado y un desahogado; comparar la Pietá o el David con los arlequines de porcelana. Y lo que podría ser peor, que todas las señoras que lucen estas figuritas en el aparador de su casa, junto a la foto de la boda propia y de los hijos, se pusieran de uñas con todos los que no enaltecieran sus figuritas y les soltaran aquello de: “¿pero tú has modelado alguna vez un cisne de porcelana? Anda ya, si ni tan siquiera te has puesto con la plastilina”. Y un coro de lladrófilos jaleando a la señora y riéndole la gracia, convencidos de que deja en ridículo al que no equipara esto con la escultura renacentista. Que el Ghiberti ese y Michelangelo están muy sobrevalorados, que las Puertas del Paraíso y el Moisés no son pa’ tanto.

Pues resulta que en esto de los toros, el arte es lo de las figuritas de Lladró, que el público y el poder taurino se pasan la vida exaltando los méritos de esas porcelanas y no solo los fieles no se escandalizan, sino que se echan las manos a la cabeza cuándo los demás no caen rendidos a los pies de los cisnes tirando de un carro con una ninfa coronada con pétalos de gladiolos en flor. Y que te sueltan eso del empaque por menos que grazna un cisne, lo mismo si la cosa va con las figuritas, que si hablamos de los jóvenes modeladores, los que andan trajinando con la plastilina del novillo, que aquí todos son artistas y ¡ay! del que ose ni tan siquiera cuestionarlo o amagar con ponerlo en duda. Que al final forman un batiburrillo que no hay quién se aclare con eso de el arte, los artistas, la escultura y las figuritas de Lladró.




Enlace programa Tendido de Sol del 22 de enero de 2017:

lunes, 16 de enero de 2017

Y Dios creó al hombre ¡...dita sea!

¿Quién anda ahí? ¿El hombre? ¡...dita sea!


Dice la Biblia que Dios creó todo lo imaginable e inimagible de lunes a viernes y el sábado, que parece que se levantó con ganas y buen ánimo, se puso a juguetear con el barro, así como el que no quiere la cosa, y le salió un hombre. ¡Vaya por Dios! Y hasta se le daba cierto aire, eso que se dio en llamar a su imagen y semejanza, lo que no quiere decir que fuera igual, simplemente el mismo Dios se tomó como modelo y le salió parecido, semejante, que no igual. ¡Qué cosas! Con lo bien que le había quedado todo lo imaginable e inimaginable y puso al ser humano sobre la Tierra. Que la verdad es que yo me alegro y agradezco que así fuera y que su Divinidad decidiera crear a nuestros tatatatatarabuelos. Pero claro, visto lo visto y según cómo se interprete, hay quién piensa que esta no fue una buena decisión y solo ve al hombre como un usurpador una ingerencia innecesaria en la perfección de la naturaleza.

Hasta ese mismo momento de “Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”, la vida era todo paz y armonía, el león se paseaba por la sabana, porque entonces había mucha más sabana, aún no se habían inventado las urbanizaciones cerradas, y saludaba a las gacelas, los ñus, los elefantes grandes y chicos y estos le devolvían educadamente el saludo.

-         Buenos días gacelas, buenos días ñus, buenos días elefantes y elefantitos, me voy a desayunar unos juncos a la orilla del río.
-         Buenos días, su majestad del reino animal

Contestaban los súbditos ante la presencia de tan guedejudo soberano.

Pero ¡Ay, cuándo llegó el hombre! Entonces todo se torció. Al principio no, aquel matrimonio en apariencia tan amable y jovial iban a lo suyo, un fruto de aquí, otro de allá, unas raíces de estas, unos tubérculos de aquellos, porque como era el paraíso, las patatas se podían comer sin necesidad de ser cocinadas, ya brotaban tiernas de la tierra. Otros ratos se hacían carantoñas, otras copulaban, otras se aburrían y otras pensaban en otras cosas. Si acaso más la chica, que ya se sabe, si el ser humano es el mal, la mujer ya ni te cuento, que así lo afirman especialistas los especialistas en psicología femenina que colaboraron para escribir la Biblia. Él no pensaba en nada, bueno, sí, en copular todo el rato. Luego vino lo de la manzana, luego que si nació Abel y luego Caín. El primero era dulce y amable, cuidando sus ovejitas, mientras se deleitaba con los frutos de los árboles, pero el otro no era de la misma naturaleza, era más retorcido, se parecería a su madre, por supuesto. Sea por esto, sea porque no tenían una abuela que les hiciera comidas ricas, tartas, natillas o dulce de papaya, a Caín se le metió entre ceja y ceja el comerse una de las ovejas de su hermano y en una de estas, pues ya sabemos lo que pasó, que le partió la crisma con una quijada de burro. ¿Se puede ser más animal? Y así, rodando, rodando y quijadazo va y quijadazo viene, hemos llegado hasta lo que somos ahora, los mismos usurpadores que queremos adueñarnos del espacio de los animales y hacernos los amos absolutos de la naturaleza y por si esto fuera poco, hasta queremos aprovecharnos de ella y comernos a los pobrecitos bichitos.

Una falta de respeto absoluto por la naturaleza; menos mal que siempre queda quién se preocupa por los animales y se desvela porque vivan plácidamente, les ofrecen sus casas, ¿qué digo ofrecer? Les entregan las llaves y les dejan que gocen del hogar ellos solitos, durante todo el día; les sacan de ese medio hostil en el que nacieron y les ofrecen las comodidades que el progreso les ha acercado al alcance de la mano, el sofá, la alfombra al lado del radiador, el aire acondicionado en verano, una bañera para sumergirles en agua calentita, champúes desparasitadores, champúes suavizantes, champúes para fortalecer las raíces, piensos para equilibrar la dieta a base de proteínas, minerales y fibra, por aquello de... Si hasta pueden ver la tele, sin olvidar esas largas conversaciones con los amos, aparte de eso de que te pongan un nombre. Esas ropitas para no pasar frío en invierno, el gentil dueño que se preocupa de recoger lo que al animalito se le desprende vía rectal. ¿Cabe un mundo mejor? ¿Cabe mayor respeto e integración con la naturaleza? Es la mejor manera de volver atrás, de regresar a aquel estado puro de felicidad que un día fue.


Lástima que haya quién no quiere entrar por el aro, como esos de la tauromaquia, que disfrutan viendo la sangre derramada del toro, al que le hacen todas las perrerías posibles para enfadarle, mucho, mucho y obligarle a atacar. ¡No hay derecho! ¿Alguien se imagina a un toro atacando con semejante furibundez si no es porque les cabrean? Se rumorea que para conseguir tales reacciones, antes de salir a la plaza les insultan y todo, pero así, con inquina. Les crían ahí abandonados en el campo y les hacen pasar por lo menos cuatro años a la intemperie, sin un hogar en el que descansar, un sofá dónde estirar las pezuñas, ni una tele plana para ver los reportajes de naturaleza de la dos. Sin ducha, ni calefacción, ni aire acondicionado, ahí con sus compañeros de manada, sin intimidad, todos juntos. No hay derecho. Les obligan a comer la hierba del campo, las bellotas de los árboles y las comen del suelo, sin lavar, ni pelar, ni tan siquiera echarle una gotita de aceite de oliva extra virgen Hojiblanca del 0,4 de acidez. Eso no se puede consentir y no lo vamos a consentir. Porque si entramos en lo que les hacen en esas infamias, esos nidos de barbarie, esos agujeros de podredumbre que son las plazas de toros... Todo era paz, todo era alegría, todo era maravilloso, perfecto y Dios creó al hombre ¡...dita sea!


Enlace al programa Tendido de Sol del 15 de enero de 2016:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-del-15-enero-de-audios-mp3_rf_16333582_1.html

lunes, 9 de enero de 2017

¿Sangre innecesaria? ¿De qué nos avergonzamos?

¿Les parece innecesario el fin fundamental del rito?


El señor Lorca nos ha sorprendido en estos días con eso de que mantuvo una conversación con un dirigente del PSOE de Andalucía en la que le revelaba que estaban viendo cómo se podía eliminar de la Fiesta de los Toros la sangre innecesaria. Quizá podrían explicarnos exhaustivamente este nuevo concepto o quizá no, mire señor Lorca y señor político anónimo, evítense el trabajo, porque igual empeoran las cosas. Cómo ocurre en muchas circunstancias de la vida, no me lo expliquen, porque va a ser mucho peor. Hagan lo que les dé la real gana, si quieren acaben con los Toros, prohíban, la suerte de varas, el tercio de banderillas, la suerte suprema, la puntilla y el rabo de toro encebollado si les viene en gana, pero no me den razones, casi prefiero que me digan que lo hacen por sus santos, que no que me tomen por tonto y que esperen que me trague una rueda de molino del tamaño de centro comercial con sus cines, su híper, mil tiendas y parking para todo Houston.

Nos cuenta el señor Lorca que el alma bondadosa del señor político de la Junta de nombre aún desconocido, no sabe cómo explicarles a sus hijos como en un espectáculo con raíces culturales, medioambientales y tralarí, tralará, se da muerte a un animal. Pero, ¿habrá sido capaz él mismo de entender todo esto? ¿Entenderá lo qué es el toro? ¿Entenderá lo qué es la Fiesta? ¿O quizá anda enredado en otras cuestiones que nada tienen que ver con el toro? Y lo que me extraña es que el señor Lorca, al que no hace mucho le agradecíamos todos su postura valiente, aunque siempre estuviéramos expectantes no se fuera a producir alguna de sus espantadas ya conocidas, véase el caso, lo que me sorprende es que se preste a ser el correveidile del señor político de la Junta de nombre desconocido, para soltarnos esta píldora de modernismo taurino militante, empeñados en mezclar el agua y el aceite, para que los fans del agua y del aceite estén contentos y que ninguno quede por encima del otro. Que lo mismo uno está equivocado y el único fin de todo esto es que no se enfaden los votantes y hacer méritos para que le voten por un lado los de la etiqueta de progresistas antitaurinos y por otro los que la llevan de menos progresistas y taurinos. ¡Ufff! Simplificando tanto, igual se le escapan entre los dedos otros muchos votos de izquierdistas aficionados a los toros o derechones antitaurinos o izquierdistas y conservadores a los que ni les va ni les viene. Mira que nos creen simples, tontos y manipulables.

Que resulta que el señor político de la Junta de nombre aún desconocido dice que se necesita hacer pedagogía, que se tienen que producir cambios para responder a los enemigos de la fiesta, pero sin perder la esencia de la Fiesta, eliminando la sangre innecesaria, porque no es un espectáculo agradable para nadie. Que no digo yo que no tenga razón en esto último, pero primero, si torpedeamos el barco en la línea de flotación, la nave se hunde; se podrán montar todas las comisiones que queramos para estudiar el caso y votar las resoluciones acordadas, se puede luego pasar a un Congreso General, que lo voten los ciudadanos, que se pase a la firma del Subsecretario, que lo apruebe el Consejero de la Junta, pero el paquebote se va al fondo, ¿por qué? Porque si se tocan los fundamentos de tal forma que dejen de ser tales, entonces puede que tengamos un camión de quince ejes, muy bonito, con una aerodinámica espléndida, pero en el mar se nos hunde, no aguanta, porque deja de ser un barco.

Quizá. señor político de la Junta de nombre aún desconocido, sería mejor que los que no valen, los que no atinan con una espada, un descabello, las banderillas o el palo de picar, no una tarde, sino todas, se vayan a su casa, que el aficionado les censurara su falta de pericia, que los empresarios no les contrataran y que sus colegas, los señores políticos de la Junta de nombre aún desconocido, no les allanaran el camino legislando para proteger a los mediocres, que no prevaleciera ese buenismo envenenado imperante y que de una vez se impusiera el rigor y la lógica. Que yo entiendo que en su partido tienen marcado a fuego eso de querer agradar con una mano a Dios y con otra al diablo, pero a veces, casi siempre, esto no es posible. Que el que no quiera entender los toros, el que no los admita, no lo hará nunca y así ha sido siempre. Que lo que usted propone es una danza macabra, amanerada y sin sentido, porque en ese caso, aunque no asomara la sangre, la sensación de abuso de un animalito iba a ser aún mayor que la de un toro de lidia, un toro íntegro, podría transmitir al sangrar por el morrillo después de levantar al caballo en vilo mientras el señor de arriba se agarra unas veces al palo y otras al aire para no medir el suelo con los lomos. Que con sangre o sin ella, como el toro dé pena no hay nada que hacer y ese es el problema de ahora mismo, que el torillo da lástima y por ahí esto se nos empieza a escapar por el desagüe. Que esto de los toros solo tiene una vía y dos salidas. Basta con enseñarlo tal y cómo es, lo más íntegro, puro y sin contaminaciones externas que se pueda, sin pretender agradar a figuritas o taurinos con intereses desconocidos, como su nombre, y a partir de ahí, o se entiende y se ama o no se comprenderá jamás y se odiará, precisamente por eso, por algo tan comprensible como el que se mata a un animal en el ruedo y cómo me decía cuándo yo era niño el que me enseñó todo esto, eso es algo que la gente no puede asimilar y hay que entenderlo.


Pero señor político de la Junta de nombre aún desconocido, y también a su vocero, el señor Lorca, que empezamos con que no haya sangre, luego con que se falta al respeto burlando a un animal con un trapo y acabamos echando de la cabalgata de reyes a las ocas, porque se considera maltrato animal. Que si los toros no les parecen bien, pues legisles y prohíbanlos, pero díganlo claramente, que todos los ciudadanos sepamos lo que votamos en cada caso, por una vez cojan el toro por los cuernos, que ya está bien de usar el Toreo como una puta en la que descargamos nuestras más bajas pasiones y luego ni la saludamos por la calle, que ya estamos hartos de tanta memez y tanto señor político de la Junta de nombre aún desconocido y si usted se ve con capacidad, por favor, explíquenos de una santa vez, previa publicación de su identidad, a no ser que quiera que le identifiquemos como el Zorro o el Guerrero del Antifaz, estos dos conceptos: ¿Sangre innecesaria? ¿De qué nos avergonzamos?



Enlace programa Tendido de Sol del 8 de enero de 2017:

lunes, 2 de enero de 2017

El poderoso influjo de la mentira

Si sale el toro, pocas mentiras le valen


A los niños siempre se les está con la monserga del “no hay que mentir, la mentira mala, caca”, pero eso es para los niños, no sé si para que de mayores se entreguen incondicionalmente a ella y se conviertan en beatorros cofrades de la hermandad del “hagan lo que yo les digo, pero no lo que yo hago”. Santa y bendita mentira que nos lleva por los caminos del placer. Es tan bella y adorable, que nos permite deambular por el mundo con los ojos cerrados, como si nos acurrucáramos en un perpetuo sestear. ¡Ay, que goce tan grande! Y no eso de la verdad, que nos obliga a mantener despierto el sentido crítico, la integridad, el rigor y la honestidad con los demás y con uno mismo. Si no hay nada mejor que engañarnos a nosotros mismos. Que delicia ir a un restaurante y que nos pongan un chuletón de Ávila con aspecto de jabonera Krungdem y tacto de estantería Trondsval, que en seguida le encontramos el por qué, la sequía estival en la Sierra de Gredos; o eso de ir a un musical en la Gran Vía de Madrid y comprobar como el prota tropieza, rueda por el escenario, se arma un revuelo, los demás corren a socorrerle y el playback sigue funcionando como si nada, la orquesta sonando sin que haya orquesta, el cantante cantando sin que haya canto y todos felices, ¡es que es tan bonito!

Entonces, ¿por qué nos empeñamos en ir a los toros esperando y algunos descabezados exigiendo el toreo de verdad? ¿Nadie se da cuenta de la belleza de la mentira? ¿Quienes son los grandes maestros del momento? Los más mentirosos, que no solo no se conforman con echarnos el señuelo del pseudotoro, tan mono él en apariencia, tan dócil, tan feble, tan mullido, tan “toreable y durable”, aunque si te suelta un viaje, ¡cuidado! Pero aún con este peligro que siempre está, dejará de tener mucha más importancia lo que se le haga a un barbas encastado. Pero ya digo que no se conforman con hurtarnos lo fundamental de esto, el toro, sino que además nos atiborran de cucamonas pintureras y descafeinadas, manteniendo el animalillo a una distancia prudencial, que corra el aire, y llevándolo allá a lo lejos para llevarlo más lejos, con los arrabales de la muleta, escondiendo piernas con una y echándolas para atrás sin rubor cuándo torean de capote. ¡Pero todo es tan bonito!

¿Para qué eso de la verdad? Con lo bien que se vive en la mentira, sin sobresaltos descontrolados, sin decepciones, porque la mentira nunca decepciona, siempre es mentira, y tranquilos, no resulta factible que de repente se transforme en verdad. Eso de ver el torillo ir y venir, manteniendo la distancia de seguridad, por supuesto, que una veces va por aquí y otras por allá, que según el maestro se lo pasan por la proa, que por la popa, por babor o estribor, que por la circunvalación o si llega el caso, por el mismísimo culo, con perdón. Que uno no quiere el riesgo gratuito, pero en dependiendo que casos, unas gotas de verdad no vienen mal, con ese sabor entre dulce y salado del riesgo y lo sublime del arte real del toreo, porque lo otro, lo que conlleva la mentira, no nos engañemos, no es arte, puede ser al toreo lo que la bisutería es a la joyería, lindo, pero sin lo excelso de la belleza.


Que ya sé, ya sé, que los maestres de la trampa no paran de contar que lo bueno es lo suyo, ¡pachasco! Solo faltaría que me dijeran que lo suyo es una filfa indecente. Tampoco pido yo tanto, pero al menos que no nos tomen por bobos de baba pretendiendo que nos creamos lo increíble. Que no me cuente uno que los que pedimos el toro solo queremos la tragedia, que esto no es tragedia, que el arte no puede serlo; ni que salga un iluminado santificando el pico, sin otro fin que justificar su mediocridad, su abrumadora mediocridad, sin caer en la cuenta de que aún los hay que vieron torear de verdad y hasta los hay que lo practicaron en el ruedo y ante un toro. Porque no creo que este iluminado pretenda decirnos que todo lo anterior no vale, que todo lo pasado hay que borrarlo, al menos hasta el momento de su aparición en esto del toro. ¡Ufff! Qué trabajo más arduo y sobre todo, inútil, porque se pueden romper periódicos, fotos, láminas, se pueden borrar vídeos, destruir películas, pero, ¿y la memoria? ¿Qué hacemos con la memoria? ¿Qué hacemos con los recuerdos de los aficionados? Que esos no los borramos ni con aguarrás, que tan fuerte fue la impronta del toreo verdadero, que no hay disolvente que lo quite y mucho menos si el sustituto es la caricatura que nos quieren hacer tragar estos caballeros. Que casi paso mejor las ruedas de molino que el molino entero, ¿eh? Que me dicen que unos retorcimientos me van a hacer obligar al de Camas, que unos banderazos por delante y por detrás van a borrar al del mechón, que un encararse con el público van hacer que se disuelva el duende del gitano de Jerez. Pues no piden ustedes na’. Casi mejor que me cuenten que la tierra es plana, que el hombre no llegó a la Luna o que un filete de brócoli fileteado es mucho mejor que el chuletón de Ávila, que igual cuela, porque ya se sabe lo que mueve el poderoso influjo de la mentira.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Seamos un poco inocentes y soñemos, señora Carmena

Inocentes, quizá, pero a veces esa inocencia también puede encerrar cierta lógica y sentido común, todo es cuestión de voluntad y de no prejuzgar


Quizá ustedes ya tendrán noticia de que la Plaza Mayor de Madrid está a punto de cumplir su cuarto centenario, que se dice pronto. La que en su momento ocupó la plaza del Arrabal y algunas viviendas aledañas, se erigió como centro de la vida de la Villa y Corte y aparte de lugar de autos sacramentales y otras actividades aún más ignominiosas, fue pensada como escenario de los juegos de toros a los que tan aficionados eran por aquel entonces los madrileños. Al fin, una plaza de obra, un lugar fijo en el que celebrar los festejos taurinos.

Por este motivo, la señora alcaldesa, doña Manuela Carmena, siempre atenta y conocedora de la historia, usos y costumbres de la capital y respetuosa con el gusto de sus conciudadanos, ha decidido, taurinamente hablando, echar la pata pa’lante y encargar al Área de Cultura del Ayuntamiento la celebración de un festejo, de una corrida de toros, en semejante marco, para al menos recuperar por un día el fin para el que allá por el siglo XVII fue construida dicha plaza. Incluso la señora Meyer, responsable de esta parcela, ha dejado entrever la posibilidad de contar con matadores recientemente retirados o con poca actividad en estos momentos, para que actuasen en una fecha tan señalada.

Lógicamente hay muchos cabos que atar pero el entusiasmo que ha originado esta iniciativa ha hecho que los engranajes de la Fiesta se muevan con una rapidez inusitada. Hay dudas sobre si organizar dos festejos, uno matinal y otro vespertino o si, según los usos de la época, celebrar una corrida de doce toros. Unos se inclinan decididamente por esta opción, pero por otra parte también hay que sopesar el estar más de cuatro horas sobre los tablados de la plaza. Quizá sea la opción mixta, la de los doce toros, pero con un descanso que permita al menos el parar a comer y que los espectadores pudieran disfrutar de los establecimientos hosteleros de la zona, que también han mostrado su adhesión al proyecto. Es más, se estima que la venta de bocadillos de calamares podría ser superior a la que se realiza durante una semana entera de Navidad. El impulso al sector sería más que evidente.

Se barajan nombres y ya has saltado algunos como los del maestro Esplá, José Tomás o Joselito, que según fuentes de su entorno habría recibido la noticia con gran satisfacción y dispuesto a vestirse de luces una vez más en su casa, en Madrid. Entusiasmo que no ha mostrado Morante de la Puebla, pues no se ve allí con la estatua ecuestre del rey Felipe III. Que si ya no ve lo de la chepa de las Ventas, como para transigir con lo del monumento, sin modificar su decisión a pesar de que se le ha asegurado que, lógicamente, durante el festejo se trasladaría la estatua a otro lugar, de forma provisional claro está. “Es que vaya manía de poner cosas raras en los ruedos que tienen en Madrid”, ha declarado el diestro sevillano. Tampoco estarán Enrique Ponce, pues aunque no se ha fijado la fecha exacta, ya ha declarado que ese día, sea el que sea, tiene prueba en el sastre para su nuevo smoking y que le va a ser imposible acudir. Lo mismo que Finito de Córdoba, que aunque no tiene sastre ese día, tampoco tiene ganas y los aficionados mucho menos. Julián López “El Juli” anda en la disyuntiva de ir o no ir, pues parece que nadie le asegura que en la Plaza Mayor pueda haber una mala corriente  que le pille por semejante parte de la riñonada y que le origine un problema serio en las lumbares, que tan castigadas tiene el ya de por si. Con los demás del escalafón aún habrá que mantener conversaciones y si no es esto posible, será con sus representantes de verbo más fluido.

En cuanto al ganado, en principio parece ser que se ha puesto sobre la mesa el ofrecimiento de Núñez del Cuvillo, pero se ha desestimado su ofrecimiento, no sin agradecérselo profundamente, pues la idea es organizar un festejo serio y sin mascotas. Han salido los nombres habituales, Victorino, Adolfo, Cuadri y algún hierro más, como el de Moreno Sila y sus Saltillos, pero en este último caso no se retiraría la estatua de Felipe III y se rodearía de burladeros, por aquello de auxiliar a los matadores en caso de huída despavorida.


Muchas gracias señora Carmena por ser, por una vez y sin que sirva de precedente, alcaldesa de todos los madrileños, teniendo en cuenta también el sentir del aficionado capitalino, que con su rigor, su perseverancia, su afición y su amor al toro, manifestado desde hace siglos, han hecho que el nombre de Madrid, la ciudad que usted preside, sea conocida como la cátedra del toreo, que su plaza sea considerada la primera de este amplísimo mundo taurino y que sea para muchos un lugar de peregrinación obligada, al menos una vez en la vida, simplemente para traspasar las puertas de Las Ventas, para transitar por sus pasillos respirando toreo, para sentir lo dura que es la piedra de la sierra, para ver in situ eso del toro de Madrid y para, si tienen esa suerte, escuchar cómo ruge cuándo surge el imposible del toreo, del toreo de verdad. Una afición dura y entregada como ninguna, que igual todo esto le pilla demasiado lejano, pero al menos escuche por un momento a muchos de los ciudadanos de su Villa y Corte, que incluso los habrá que la votaron a usted, aunque desprecie su voto por esta entrega al toro de lidia, pero de momento... seamos un poco inocentes y soñemos, señora Carmena.

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Don Ponce y su piquito de oro

Resulta que es imposible no torear con el pico de la muleta, pues que delicia esos imposibles que nos amarraron a esta afición como el señor Ponce nunca podrá imaginar, pensará que eso también es imposible.


Quizá algunos duden de la facilidad de palabra de don Enrique Ponce, del embrujo de su verborrea, de su locuacidad y poder persuasivo de su voz, pero de todos es conocido ese piquito de oro que tantas alegrías le ha dado. Y si junta la palabra con el pico, mejor dicho, con su explicación o justificación de la trampa, pues tenemos lo que tenemos, al personal desaforado y rasgándose las vestiduras, unos inclinando la testuz rindiendo homenaje al maestro y otros negando su maestría, las virtudes de su piquito de oro y hasta su singular locuacidad. Pero digan lo que digan, no me negarán ese ángel que tiene el señor Ponce para ponerse a tanta gente en su contra. Y lo peor de todo es que él, tan metido en su mundo, tan convencido de su toque divino, no entiende cómo puede haber alguien que respire bajo la cúpula celeste, que no se eche de hinojos a sus pies, como la máxima deidad del toreo que cree que es; y que además no hay quién le haga que se apee del burro.

Que se va a Bilbao para soltar que no es posible torear sin el pico de la muleta. ¡Ay señor! Con lo revuelto que estás el mundo y él apagando fuegos con gasolina. Que por menos de esto se lió la de Cuba y Filipinas. Que los héroes de Baler se dice que se metieron allí dentro porque los tagalos decían que la muleta plana y los del rayadillo que no, que no y que no, que sin pico es imposible. Y que no se crean, que no dieron su brazo a torcer. ¡Sabrán los tagalos de toreo! ¡No te amuela! Pues nada, que de un plumazo, el señor Ponce se ha quitado del medio a tantos y a tantos toreros, en otros tiempos la mayoría, que presentaban la muleta plana, que se la echaban al hocico del burel, para en el momento de su arrancada adelantar la pierna de salida, embarcando a su oponente en la pañosa, con la cara empapada de franela. Que no, que no y que no, que eso no es así, eso es imposible, así que en virtud de tal afirmación, queda prohibido tal uso y por esta misma causa, todos los vídeos, fotografías o recuerdos de los aficionados deberán ser destruidos en un plazo máximo de ya mismo, no vaya a ser que alguien se atreva a afirmar que ese imposible es posible.

Y que conste que servidor está completamente de acuerdo con el maestro de Chiva. Primero, porque no me atrevo a contradecirle, no vaya a ser que me excomulguen de mi fe taurina o lo que es peor, que me manden Siberia a picar piedra en los Urales. Segundo, porque si lo dice un maestro que lleva poniendo en práctica semejante... ¿trampa? durante un cuarto de siglo. Y tercero, porque casi prefiero que me tenga como creyente y no como descreído, no vaya a ser que me lo explique otra vez eso del imposible que resulta de intentar no torear con el pico de la muleta. Que ya es dar vueltas al molino, para simplemente justificarse e intentar convertir en dogma lo que no hay cristiano que se crea. Quizá por eso quiere convertirlo en dogma, para que nadie se atreva a cuestionarlo. Pero mi adhesión al señor Ponce es sincera y sin fisuras, es verdad, no se puede torear sin meter el pico de la muleta, torear con la panza es un imposible. Si es que no hay discusión. Pero... ¿será por eso que los aficionados hubo un tiempo en que salían toreando de las plazas? ¿Quizá esa imposibilidad era la que provocaba que se les grabaran a fuego faenas, naturales, derechazos, en definitiva, toreo puro cuándo este surgía en la arena? A ver si va a resultar que el aficionado a los toros se aferra a esto precisamente esperando que brote lo imposible, a ver si es eso precisamente lo que le piden a los toreros, lo que vieron en tantos y tantos que de verdad pueden ser tratados de maestros. Volvemos a los nombres de siempre, aunque aquí que cada uno elabore su lista. El Viti, Curro Vázquez, Antoñete, Curro Romero, Rafael de Paula, Manolo Vázquez, Pepín Jiménez, Paco Camino, José Ignacio Sánchez, El Cid en su momento y hasta un tal Enrique Ponce, pero cuándo aún alternaba la Lengua y las Matemáticas con eso de ir a torear, cuando entre toro y toro tenía que estudiarse la generación del 27, el sujeto y el predicado y la segunda y tercera declinación, aparte del verbo toreo toreas toreare, toreai, toreatum. Qué cosas. Será el tiempo el que ha provocado que al maestro de Chiva se le olviden aquellas maneras de sus inicios. Que ahora parece que él no estuvo allí. Ya han visto que no me he ido demasiado atrás en el tiempo, no es necesario, porque los hay contemporáneos del señor conferenciante, con los que probablemente hasta ha alternado en más de una ocasión. Y no cito a José Tomás, porque ahí ya se le cruzan los cables, cortocircuita y puede hasta vestirse de azafato del IFEMA para ponerse a torear o nos hace un moonwalker en un abrir y cerrar de clisos.


Puede que algunos hayan visto un rasgo de soberbia, un intento de legitimar la trampa como única forma de toreo, incluso hasta los habrá que vean una ofensa en esa afirmación de que es imposible torear sin meter el pico de la muleta, pero... ¿nadie ha pensado que puede ser un rasgo de humildad en el que el mismo Ponce reconoce su incapacidad manifiesta para hacer el toreo puro, el de verdad, el de embarcar con la panza de la muleta forzando hasta detrás de la cadera para ligar con el siguiente, siempre dominando la embestida? Que igual sí, oiga, que cosas más raras se han visto. Que quién nos dice a nosotros que con esa manifestación de intenciones el señor Ponce dimite de su condición de matador de toros para conformarse con quedarse en pegapases, en uno más de los muchísimos que ahora sufrimos. Quizá en algún momento, en alguna otra conferencia futura, nos aclare estas dudas, pero por el momento son muchos los que se apuntan a la indignidad que les ha provocado don Ponce y su piquito de oro.

lunes, 19 de diciembre de 2016

Talibán, no, por favor

También desde esta grada quiero felicitar a todos los amigos que tan generosamente dedican su tiempo y su atención visitando este espacio. A todos, Muy felices fiestas y un feliz año 2017... y los que vengan


Es muy frecuente escuchar cómo se denomina con tal término a los que se considera aficionados a los toros extremadamente exigentes, casi diría yo intransigentes, y a su vez observar que el destinatario del “piropo” lo recibe entre el regocijo y el orgullo. Corríjanme si no es así, pero tengo la sensación de que se califica de talibanes a los mismos que se llama toristas, a esos que cierran los ojos predeterminadamente a las figuras, aunque en casi todos los casos al final haya que darles la razón, o a todo lo que sea Domecq, que también tienen su razón, aunque aquí sí que hay esperanzadoras excepciones. Pero tampoco creo que sea bueno entrar en el detalle, pues el propio termino tengo la sensación que obedece más a una filosofía que a realidades concretas. Repito que es apreciación personal, muy personal, pero más bien parece que es un extremismo que a veces mantiene una posición ultradefensiva, temerosos a cualquier asomo de grieta, no vaya a ser que pueda peligrar esa imagen de aficionado íntegro, que se desvela por guardar el tesoro de la pureza, lo que por otro lado no está mal, pero si tenemos una obra de arte única, tampoco pasa nada por dejar que los visitantes se acerquen a contemplarla; con el cordoncito de seguridad, por supuesto, no vaya a ser que alguien empiece a meter los deditos, que no, las manos al bolsillo, solo abrir los ojos, mucho, y lo que es más importante: las entendederas.

Que conste que no pretendo hacer ni el menos amago de crítica, faltaría más, porque hay virtudes que veo en ellos, que ya me gustarían para mi mismo; pero yo no me veo cómodo en la totalidad de los parámetros que se le suponen a un talibán. Tengo que confesar que en ocasiones ha habido gentes generosas y de buen corazón, llenos de buenísimas intenciones, que me han querido regalar el oído con eso de talibán. Se lo agradezco en el alma, pero más por las intenciones que por recibir la dignidad de talibán. Es una camisa que no se ajusta a la percha de servidor, que uno tiene ya su tripita, los brazos igual más largos, las espaldas más anchas o el cuello estrecho, que a otros les cae como una pintura, pero no todos gastamos la misma percha.

Entiendo que el aficionado a os toros debe ser flexible, muy flexible y acomodar las reacciones a las circunstancias, pero que no se me malentienda. Las normas, escritas o transmitidas por tradición, tienen que estar ahí, deben respetarse, escrupulosamente, pero sin que estas supongan unas cadenas que nos oprimen el cuello. Quizá es más cuestión de predisposición que de otra cosa. Que no piensen que me he vuelto loco, ni que he recibido un sobre mullidito, ni un Guijuelo pata negra, que va. Que sigo siendo el mismo que iba a la plaza deseando de que le gustara Espartaco ¿Cabe mayor rasgo de optimismo y apertura de miras? Otra cosa es que no lo consiguiera nunca, pero eso no era cosa mía, eso era más bien por lo que me venía dado del exterior. Que aunque no lo crean, uno espera cosas de una tarde Victoriano del Río, Núñez del Cuvillo, El Juli, Perera y compañía, pero tampoco somos tontos, que el ir abierto a todo no quiere decir que no tengamos memoria, que no nos escuezan los escándalos pasados, que no nos amosquemos esperando que los bailes de corrales puedan hacerse presentes, que nos tiren a la cara una manada de borregos para lucimiento de vulgarotes pegapases. Que no hablo de hacer tabla rasa cada tarde, porque de la misma forma que es de buen aficionado tener memoria de lo bueno y agradecerlo al final del paseíllo, también lo es el tener presentes los antecedentes y en casos de ese vaivén de ganaderías, tampoco resulta descabellado comenzar la protesta antes del paseíllo o al acabar este, pues los propios protagonistas ya se ocuparon de que se iniciara el festejo en el momento del reconocimiento, si no antes. Que si seguimos avanzando, lo mismo me pueden decir al final acabamos en el mismo punto al que llegan los talibanes, no les digo yo que no y tampoco es para rasgarse las vestiduras, pero sí que me reconocerán que al talibanismos puede estar ciego por momentos, pero no por incapacidad o ignorancia, nada más lejos, simplemente es una ceguera voluntaria, que más puede obedecer a no querer que se le pueda tildar de blando. El aficionado a los toros no creo que tenga necesidad de autoetiquetarse como exigente, el más exigente, ni irlo pregonando por peñas, clubes, asociaciones, restaurantes, bares, tabernas, tascas o garitos de mala nota, baste con acudir a la plaza y manifestarse y de la misma forma que no hay que presuponer la negatividad al de enfrente, tampoco hay que dejarse llevar por las preferencias, que es muy humano, es hasta una muestra de lealtad al torero afín o al ganadero hospitalario, pero, ¿y la lealtad a la Fiesta, al toro? Ahí sí que me perdonen, pero nada por encima de eso. Que nadie se lo tome a mal, que nadie vea ni tan siquiera un intento de adoctrinamiento desde el púlpito, nada más lejos de mi intención, ni de mis creencias, no soy nadie para tales cosas. Eso sí si ustedes quieren halagarme, llámenme pibón, pibonazo, tío bueno, monumento, tío cachas, macizo, macizorro, lo que quieran, aunque ande lejos de la realidad evidente, que yo se lo agradeceré en el alma eternamente, pero talibán, no, por favor.


Enlace al programa Tendido de Sol del 18 de diciembre de 2016: