lunes, 27 de febrero de 2017

Los toros y España, menudo carnaval


A veces lo aparente esconde algo fundamental





Son días de reírnos hasta de nuestra sombra, si se pone a tiro, aunque el primer impulso sea el del llanto largo, profundo, sentío y muy, muy encab… encabezado por un no sé qué que nos hace tirar más por el optimismo que por lo otro… el pasotismo. Decía don José, el filósofo, porque ya saben ustedes que hay gente pa’ to, que el que quiera entender la historia de España, o a España misma, tenía que saberse la historia del toreo de pe a pa. Pues visto lo visto, ya podría empezar la ruptura, aunque la cosa no pinta que vaya a darse el caso de una disgregación de caminos. Que ya es casualidad que en la misma semana nos enteremos que a la empresa Pagés no le piden la cárcel previo pago de una fianza y que encima, para evitarse tener que aguantar al personal inquieto, se van a pasar una temporada a Suiza con su yerno y la suegra. ¡Vaya mezcla! Como dice el Selu, verán los Pages y Cía cuándo la suegra les empiece con lo de compran ganado malamente, contratan toreros malamente, suben los precios malamente, pero que no consiente que nadie les critique, que para eso ya esta ella, la suegra, y el pobre yerno a poner cara de circunstancia.



Se esperaba por Madrid a don Simón enrolado en alguna chirigota, pero parece que nadie le ha querido y que aún colea aquello de que no le dejaran entrar por la puerta grande en los “Juancohone” y que despechado puso los cimientos para la de “Hago lo que me sale de los…”; don Simón y su chispa, que cómo la Comunidad de Madrid no ande viva, en nada, con tanta chispa nos quema Las Ventas. Que ya tiene medio trabajo avanzado, con el aficionado de Madrid más quemado que el bigote de un comefuegos. Que ya se acerca el comienzo de la temporada madrileña y empezamos a dudar si las promesas mesiánicas de don Simón pueden tener algo, un poquito, de verosimilitud o si estaba tanteando al personal con las letras de su particular y exigua chirigota de los coj… Que lo que tampoco espero es que al señor casas le investiguen por los carteles black, que él te dice de salida que te va a montar un cartel de máxima calidad y te cuela a Cayetano, El Fandi y los hermanos Cordobés I y Cordobés II. Pero tampoco hay que echarle toda las culpas al señor productor, porque seguro que en esa operación de los carteles black hay implicado más de un taurino en esa trama. Estarán los cómplices necesarios de la prensa que se habrán jartado de decir que es el mejor cartel de al historia, que es un cartel bueno y caro, como parece ser que se ha escuchado clamar por Sev… por Suiza en los últimos días.



Que no les voy a decir yo a ustedes que no me guste esto del carnaval, no, pero me cuestan estos días de sobresalto y de no a saber si lo que me cuentan es verdad, mentira o todo lo contrario. Tengo unos problemas de discernimiento que me hacen perder la razón, sin encontrar a nadie que me la dé, aunque sea como a los locos, que algo es algo. No me dirán que no es para ponerse a darles vueltas al caletre, ahora que uno se entera que el señor Molés es un gran profesional y que no va a dar un paso atrás en la información taurina. ¡Vaya! Y a uno que aún le quedaba cierta esperanza, pero nada, que seguirá en esa línea de hacer y deshacer, encumbrar y descabalgar a todo quisque dependiendo de lo que cada uno ponga por delante o lo que se deje por detrás. Eso sí al menos el personal no tendrá que verse obligado a soportarle tarde tras tarde por la tele. Anda que no hemos mejorado con don Fernando y don Vicente. El señor Apaolaza debe estar rogando al santo con aquello de a San Fermín pedimos nos libre en la tele de salir de Málaga y meternos en Malagón. Que puede que tenga que correr apretando el paso más que si transitara por Mercaderes rumbo a la Estafeta. Nosotros elevemos nuestras oraciones a don carnal y que lo que el aficionado televisivo espera que no sea otra “Chirigota con clase”, no se convierta en “Los de ahí abajo” y que los tiernos infantes, que los colegiales con su babi y todo no se transformen en burlones demonios con más cuernos que los que nunca imaginarían en las borregas bobonas, más resabiados que una machorra. Que esperan que el rey con méritos en Madrid, el señor Esplá, no se les cruce de acera y se ponga a decir barbaridades que saquen a los espectadores de sus casillas y los pongan como leones enjaulados. Pero ya digo que no acabo de saber si con los toros se entenderá mejor a este país o si con los toros se entenderá mejor a este nuestro bendito país, solo pido que al final no acabemos con esa idea de los toros y España, menudo carnaval.





Enlace programa Tendido de Sol del 26 de febrero de 2017:

lunes, 20 de febrero de 2017

No se verá por Sevilla


Seguro que el aficionado de Sevilla, el cabal, el que sabe, ha sabido y sabrá de toros, querrían ver al toro en el caballo seis veces por tarde y tres veces por toro, ¿no creen?




Ya están los carteles de Sevilla en la calle, ya tenemos tema de conversación para un buen rato, para poder explayarnos y disertar sobre la conveniencia o no de que esté fulano o mengano, de exigir responsabilidades a la empresa de la Maestranza de por qué no está Currillo de la higuera, que tanto nos gusta, nos agrada y nos emociona y que se sirvan de enmendar el error a la mayor brevedad posible. Que es verdad, que para unos y para otros se hace difícil entender el que estén unos sí y otros no. Quizá los primeros harán el paseíllo en el albero maestrante por pertenecer a una casa potente, por inercia o quizá y llanamente, porque le agrada a Sevilla, que ya es una buena razón. Puede que los aficionados estén indignados y que tengan su razón, pero ya sabemos que ni la plaza del baratillo, ni ninguna, se llena de aficionados, a los que por otra parte se han preocupado de echar de las plazas. Ahora no cabe tanto la cuestión de méritos, como lo de la pasta. Que vamos a llevar a las figuras y así nos compromete mucho menos, que son los que salen en las revistas y punto. Que luego puede ser que dependiendo del día y de quienes pueblen los tendidos, pueden pasar del silencio castigador a salir por la Puerta del Príncipe como exhalaciones, que si no miden la velocidad y la fuerza, lo mismo llenan el Guadalquivir de alamares.



Siempre he procurado ser muy respetuoso con la plaza de Sevilla, con las demás también, pero con Sevilla algo más; bueno no, de jovencito también era de los que decía que allí no entendían, que los que sabíamos éramos los de Madrid. ¡A! Esa soberbia e ignorante juventud. Aunque yo sé que no les quita el sueño lo que yo piense o deje de pensar de Sevilla y su afición, les pido mil disculpas y reconozco que aquella prepotencia casi infantil estaba tan fuera de lugar, como errada. ¿Cómo no iban a saber de toros en Sevilla? Pues lo mismo que se sabe en Madrid, con sus gustos y sus prácticas particulares y por eso, aparte de caprichos del empresariado, que bastante responsabilidad tienen en las contrataciones o no contrataciones de toreros y ganaderos, también puede ser que algo tenga que ver el que los méritos de Juan o Manuel en la palza de tal o cual sitio, no sean suficientes para llevarles a la Maestranza en abril. Lo que me recuerda cuando otros años salían los carteles de Madrid, mi Madrid, y salían voces pidiendo que se pusieran a toreros que todo el mérito que habían hecho en Madrid o para estar en Madrid, era para vender Fantas. Y lo del ganado, pues ya sabemos todos que si van las figuras, pues que llevan sus torillos debajo del brazo sí o sí y que eso no admite discusión y para más INRI, es algo ya asumido por todo quisque y nadie se atreve a discutirlo. Bueno, sí, los aficionados, pero ya sabemos que esos no cuentan, a esos hay que desterrarlos a Tombuctú para que no joroben y no rompan el clímax de arte, jolgorio y esa efusiva generosidad para construir triunfos a costa de lo que sea, aunque en ello vaya la dignidad de la plaza o de la afición.



Pero aparte de no ver a unos u otros, yo me pregunto cuántas veces durante todo el serial, aparecerá el toro, toro, porque en Sevilla siempre ha gustado el toro, que se nos quiten las tonterías de la cabeza, y cuántos tercios de varas se verán en toda la magnitud que demanda el aficionado. Cuántas veces suplirá la simulación a la verdad, a la honestidad con la fiesta y cuántas veces será tomado el primer tercio como baremo irrenunciable para valorar lo que un toro lleva dentro. A mí me gustaría que no se volviera a reproducir el espectáculo de Cobradiezmos y ese indulto del que muchos aficionados hispalenses se me quejaban amargamente, como si a su plaza les hubieran arrancado la honra violentándola de mala manera. Que ya sabemos eso de la tauromaquia democrática, pero debe ser el único caso en el que no puedo estar de acuerdo con el parecer de una mayoría, lo siento y mucho. También me pregunto cuántos trofeos se darán para que la cosa no decaiga y cuántos por torear, porque si el fin de esto son los triunfos, las orejas y pasear a los alternantes a cuestas de los lomos de los porteadores, pues, ¿para qué lo demás? Deja de tener sentido esto de los toros. Pero que nadie se me ponga de manos y me diga que si Sevilla tal o cual y que Madrid… Porque ahora estoy con Sevilla, porque es la primera, que de lo de Madrid solo hay que esperar un poquito más, porque aunque alguno se lo piense, aquí no atamos los perros con longaniza, que las mismas carencias las vamos a vivir desde marzo a octubre y con mayor intensidad y difusión en mayo, cuándo queriendo honrar al santo patrón, le haremos que se avergüence y se tape los ojos al ver en lo que ha quedado su plaza de Madrid. Pero ya digo, de momento abril está antes y por eso ahora hablamos de lo que  no se verá por Sevilla.



Enlace programa Tendido de Sol del 19 de febrero de 2017:

lunes, 13 de febrero de 2017

Don Ponce se va de cañas


La diferencia entre unos y otros es que unos se visten de toreros y otros parece que se quieren disfrazar de tales, pero...




La que se ha montado, menudo jaleo con eso de que el señor Ponce y su coleguita de farra, el Zotoluco, se fueran a tomar unas cañitas. No me dirán que ustedes nunca se han ido a tomar unas cervecitas después del curro, ¿verdad? Eso sí, antes de plantarse en el bareto de al lado de la ofi, del taller o de donde sea, uno se lava bien las manos, que luego las aceitunas te saben a teclado de ordenador, a grasa de motor o en el caso de los toreros, a sangre de toro. Y en la famosa foto, y vídeo, de marras, no parece que los diestros luzcan las manos manchadas de rojo, ni tan siquiera parece que quede rastro entre las uñas; y no me dirán que no iban elegantes los caballeros: no solo iban encorbatados, sino que lucían resplandeciente terno torero. ¿Pa’ qué más? ¿Chocante? ¡Qué te mueres! ¿Poco frecuente? ¡Mucho! Pero tampoco hay que tirarse de los pelos. Más ofensivo me parece a mí el que no les pusieran ni unos simples “cacahueses” para que pasara la cervecita con más alegría, o unas patatitas, unas aceitunas, unas almendras, no sé, algo que evite el trasegarse la cerveza a palo seco.



Igual usted es de los escandalizados, pero no se haga mala sangre, son cosas de la modernidad, el progreso y los modos del siglo XXI. Que ¡hombre! ya estamos finiquitando la segunda década y aún no nos hemos hecho a la idea. Un poquito más de fluidez, abran ustedes las mentes, pónganse al día, que no me dirán que esto les ha pillado por sorpresa. Que allá ustedes, que pueden hacer lo que quieran, pero si siguen así, al final van a ser unos “marginaos”. La cuestión es sorprender y no me negarán que el señor Ponce, don Enrique, no es un maestro en estas lides, que lo mismo se te viste de maître en una plaza de toros, que de torero en la barra del bar. Esa es la creatividad que le brota, le brota y no la puede contener. Que igual no lo entienden porque ustedes ni son maestros, ni son artistas, ni son creativos y a lo mejor sí que tienen sentido del ridículo, la medida y respeto por los símbolos, en este caso, del toreo.



Que lo mismo ustedes tienen razón y hay que saber valorar lo que significa algo tan sagrado para los aficionados a los toros, como el traje de luces. Que sí, que ya, que ya sabemos que al que no es torero, hasta le impresiona el roce de los alamares y que su simple presencia les produce un profundo respeto y una suma de sensaciones difícilmente explicables, desde el verse deslumbrados, hasta sentirse empequeñecido, casi diminuto, pero no se crean que por la visión de los bordados, de esos alamares rematados en cabos blancos o azabache, que también; el aficionado a los toros ve en el traje de luces una historia, una tradición, un rito y a nada que mire, hasta sus propias vivencias, la primera vez que su padre o su abuelo le llevaron de la mano a una plaza, aquella tarde en que un toro enseñoreó su bravura en los medios, aquel torero que convirtió la lidia en arte sublime irrepetible. Y el que se lo enfunda nunca podrá ser visto como un igual, no, el torero es un ser superior, el creador de belleza ante la casta, la elegancia dominadora, el oficiante del rito, el que no es torero solo de luces, el que vive en torero desde que le nació esa inquietud de la torería, hasta que marcha a otras plazas en las temporadas de la eternidad, compitiendo con los que un día admiró, con los que fueron sus ídolos de la niñez y sus maestros en el maestro de los trastos.



¡Qué cosas! Los más grandes, los maestros, se transfiguraban ante la sola presencia de un capote o una muleta, cuanto más ante un vestido de torear. Ese terno sagrado herencia del tiempo, tránsito de la gloria, la vida y la muerte. Es ese sentir que hace que los alamares pesen como losas, en las que están grabados los nombres de los que honraron la taleguilla rasgada por el pasar de los pitones. Es una forma de vivir, de sentir, un modo de vida que no todos llegan a entender; ese sentimiento que a veces nubla el dinero, los halagos y el griterío de las masas, que como si fueran el canto de las sirenas homéricas engañan los sentidos. Voces de las que solo los más grandes, los toreros, se saben apartar. Los otros, los que miden su valía en billetes, se dejan enaltecer como falsos ídolos, aunque ellos se crean dioses, los más elevados del panteón taurino. Pero qué equivocados están, porque esa divinidad solo se gana ante el toro y se perpetúa a través de la memoria del aficionado. Y el aficionado, no la masa enfervorecida, si recuerda al señor Ponce y a su compadre el Zotoluco, lo hará como un parroquiano de tascurrios inmundos, a los que asistió vestido de oficiante, vestido de torero, aunque ni él se sintiera tal, para vocear una ronda tras otra, en vaso de tubo, con unas aceitunas o “cacahueses”, que si no cuesta que pase, mientras siempre habrá quién se asombre de semejante esperpento y grite eso de que don Ponce se va de cañas.



Enlace programa Tendido de Sol del 12 de febrero de 2017:

lunes, 6 de febrero de 2017

Aficionados acomplejados y avergonzados con su afición

Que no se me avergüence nadie, aunque a algunos nos va a costar


Ahora parece que los aficionados a los toros han decidido plantarse y como en aquella película en un colegio de altísimo nivel en los USA, se han puesto de pie sobre los pupitres y gritan sin temor “¡Oh afición, mi afición!” Manifestando su gusto por los Toros. ¡Qué bien! Pero no creo que sean precisamente los aficionados los que se avergüencen de su pasión, a veces quién más parece sentir tal pudor, son los que viven de esto. Los empresarios buscan fórmulas para suavizar la violencia de la corrida de toros, los toreros lo secundan y además ponen todos sus esfuerzos en minimizar los riesgos, pero no porque ellos puedan sufrirlos en sus carnes, no, que va, según dicen, es porque la sensibilidad del momento no puede con esas escenas que siempre han estado unidas férreamente a los toros. Y los ganaderos, además de secundar a los anteriores, colaboran con el permanente intento de eliminar del toro todo lo que es intrínseco al toro, pretendiendo convertirlo en un afable y obediente animalito, más próximo a una mascota, que a lo que debe ser el protagonista elemento fundamental e imprescindible de la Fiesta.

Quizá los complejos y las vergüenzas de los aficionados vayan por otros derroteros y no precisamente de cara a los antis, a los animalistas o al resto de la sociedad que no ve con demasiados buenos ojos esto de que a uno le gusten los toros. la vergüenza les viene por no querer significarse en una plaza de toros con un desacuerdo, casi ni tan siquiera una protesta, no vaya a ser que los autores y cómplices del fraude les tilden de maleducados o inoportunos. Mejor callar y echarle la culpa al empedrado que decirle a unos señores que me están engañando, que me quieren tomar por tonto y que no me dan aquello para lo que he pagado. Siguen la estela de los que censuran la crítica. Qué paradoja, no soportan la crítica a ellos, pero ni se despeinan cuándo la lanzan contra los que les pueden descubrir la trampa. Y lo que es peor, el aficionado acomplejado no solo no levanta la voz, sino que repite y pone en su boca las letanías ventajistas del taurineo y no me pregunten por qué.

Pero parece que no para ahí la cosa, que no solo no manifiestan la protesta, ni que la hagan suya y la repitan constantemente, sino que algunos hasta aspiran a ser admitidos en esa gran cofradía del engaño y el fraude taurino. ¿Cabe mayor mentecatez? Te roban, te dejas robar, justificas el robo y hasta echas una instancia a ver si te admiten como simpatizante de la banda, perdiendo la cabeza cuándo uno de los integrantes numerarios te pasan la mano por la chepa, no por agradecimiento, sino para marcar territorio, que ya puestos, también podrían reclamar su propiedad micionándole en el ojo, no vaya a ser que un aficionado díscolo se le abran los clisos y se cambie de acera. Que la verdad es que hasta el momento les va funcionando el sistema, les basta con ponerte el decálogo de buen afisionao y al final se acaba tragando primero con lo de la plaza educada y luego con lo de la plaza cariñosa y así hasta que lleguemos, si no hemos llegado ya, a la plaza engullidora de ruedas de molino. ¿Esto no le da vergüenza a los que se llaman aficionados y frecuentan, aunque sea una vez al año, las plazas de toros? Y para embaucarnos todavía más, siempre nos salta el iluminado que nos quiere convencer de lo güeno que se nos viene encima con la melonada de la “Corrida de la Cultura”


La Corrida de la Cultura, y a ver quién es el guapo que dice algo en contra de algo que se apellida Cultura. Un trágala más que no será otra cosa que meternos la mano en el bolsillo, cogernos la cartera, dejarla más pelada que un alambre, regresarla al bolsillo y exigiendo nuestro agradecimiento eterno por no habernos guindado las fotos de la familia, el abono transporte, el carnet de la biblioteca y el de los puntos Carrefour; que son unos caballeros de buenas mañas, que no maneras, eso es otra cosa. Que dirán que exagero, que no es para tanto, pero démonos cuenta del embrujo de ciertos personajes, en este caso el señor Casas, que viendo las que lleva liando por esos mundos de Dios durante años, aún esperamos que llegue a Madrid a reformarse, que olvide sus métodos... tan personales y que se vuelva un defensor del aficionado, del toro y de la Fiesta, de la noche a la mañana. Pero, ¡cuidado! Señor aficionado de Madrid, no pierda usted la cabeza, no vaya a hacer algo de lo que luego tenga que avergonzarse. Pero tranquilo señor productor, que en su nueva plaza ya casi no quedan los que se puedan avergonzar por mantener la protesta cuando se sienten estafados. Ahora son muchos más los otros los que se sonrojan y se hacen cruces cuándo un señor vocifera a una cabra tonta, el que se disparata cuándo le guindan la suerte de varas, el que se mesa las guedejas al ver a un señor trampeando delante del borrego, pero eso sí sacan pecho para afirmar que no son aficionados acomplejados y avergonzados con su afición.

Enlace programa Tendido de Sol del 5 de febrero de 2017:

lunes, 30 de enero de 2017

Un vestido para torear

Exclusivo para toreros


Si hay algo que sacraliza aún más el rito de los toros es el traje de luces, el vestido de torear, porque para eso nació, para eso se ha mantenido en el tiempo y por eso mismo quedará en la memoria de los propios y de los extraños. Taurinos, anitaurinos, hispanos o gringos, portugueses o mandarines, es difícil que no identifiquen las sedas y los alamares como lo que es, el traje de torero, el vestido de torear. Y redundo en estas formas porque no tiene sitio, ni sentido emplearlo en otros lugares y momentos, es más, tampoco puede ser llevado por quien al menos no sienta esto del toro, el toreo. Cualquiera puede enfundárselo, pero muy pocos pueden vestirlo, porque está reservado para esos seres privilegiados capaces de soportar sobre sí la dignidad que impone como oficiante de un rito, de un sacrifico que nació en la noche de los tiempos, cuándo los antiguos se lanzaron a jugar a burlar la muerte en los pitones y que de generación en generación nos ha llegado como el tesoro más preciado y precioso que los piratas de la Tortuga o los salteadores del Valle de los Reyes pudieran imaginar. Sin planos cifrados, sin recovecos laberínticos, basta con la línea recta que marca la verdad del toreo.

El oro reservado a los reyes, la humildad de la plata, el luto del azabache o la pureza del blanco, bordados sobre la seda venida de lejos para abrazar al héroe ibérico. De cabos blancos o negros, como dejando ver el sentir del que lo viste; el miedo omnipresente o la entrega limpia y pura al toreo, al arte eterno, al arte que perdurará mientras haya unos ojos abiertos que lo hayan podido contemplar. Las hombreras que caen sobre la espalda del torero con el peso de la historia, de una tradición, del acerbo de un pueblo que se rindió al toro y al torero, adorando a uno y respetando y glorificando al otro, con bordados agolpados sobre el cuerpo que el hombre entrega a la pasión, con la emoción que genera la incertidumbre de si hoy será sí o si será no, si vendrá la gloria del que vence a la muerte o del que se entrega a ella, pero siempre tocando la gloria, porque no hay nada peor que ese quedarse a medio camino, la mediocridad, que por mucho que la disfracen, sigue siendo eso, mediocridad, a veces tintada de vulgaridad; y eso no cabe en el toreo, porque el toreo es grandeza. Grandeza, guapura, majezas ceñidas con la galanura del fajín y la elegancia del corbatín reventón al cuello. Esquivando o apretando los bordados que son la imagen del trabajo, la minuciosidad y la humildad de la obra de arte anónima al servicio del héroe clásico, el torero, porque todo el mundo ve la obra nacida de unas manos, unos dedos ágiles y sutiles, pero la memoria se queda en el que se enfrenta al toro, el que quiebra la sangre que con ansia buscan los pitones.

Medias de torero signo de vida, de fuerza, color deslumbrante que igual camina, que salta, que corre, pero que alcanza su mayor expresión cuándo la quietud se hace interminable, cuando impasible siente como el roce de la casta puede quebrar los hilos, pero no la determinación. Quietud que imponen las zapatillas fijas en la arena, siempre para adelante, sin conocer el echarse para atrás, el ceder terreno, porque es lo que manda el toreo, siempre adelante, jamás hay que buscar la huida, al menos que una muleta o un capote sean manejadas por manos hábiles de muñecas gráciles, que nunca débiles, pues el toreo es mando y el mando brota de esas muñecas quebradas a cada pase a cada lance, dispuestas siempre para el siguiente, para ese ligar imposible tras imposible.

Nada más sincero que el traje de luces, el vestido de torear, que dejan ver la arrogancia y la humildad, el valor y el miedo, el poder y la fragilidad que se conjuran para crear ese arte que dicen efímero, pero que se convierte en eterno al convertir la violencia de la embestida en armonía. Es necesario despojarse de toda soberbia incómoda y asfixiante, de logros pretéritos, porque ese toro es único y no sabe de triunfos en otras tardes, en otras plazas. Será por ello que el torero se despoja nada más saltar a la arena del capote de paseo, como si abandonara todo lo que ha sido para entregarse de nuevo a ese querer volver a ser, como un renacer permanente cada tarde, en cada toro. Con esa media luna de luto que es la montera, que apunta hacia el suelo, al ruedo queriendo alcanzar la tierra, buscando su cobijo, el abrazo de la madre, mientras la coleta, el añadido, la marca del torero, es el eje que a modo de compás indica siempre la verticalidad del toreo, el timón que marca un único rumbo, adelante, adelante y adelante, porque en el toreo no hay sitio, ni momento para volverse atrás, porque así lo manda el rito, ese es el sentido del sacrificio reservado a un único oficiante, el torero, el matador de toros y por eso mismo los duendes o los ángeles celestiales le concibieron dentro de un vestido para torear.



Enlace programa Tendido de Sol del 29 de enero de 2017:

lunes, 23 de enero de 2017

El arte, los artistas, la escultura y las figuritas de Lladró

Yo me atrevería a asegurar que existe una gran diferencia entre el arte y el amaneramiento, pero ya lo dijo aquel, "hay gente pa' to".



En nada ya volvemos al tajo, ya están a punto de abrir las puertas de las plazas de toros, ya se apuntan carteles majestuosos y artistas más majestuosos todavía, que afilan sus pinceles, sus voces o los buriles con que tallar su obra, porque según dicen algunos, sobre todo los propios artistas, sus allegados, los allegados de estos allegados y los que aspiran algún día a ser allegados aunque sea en quinto grado, todos los que visten las calzas rosas son artistas. Que no digo yo que no, Dios me libre, aunque no se crean que me quedo muy convencido, porque claro, ¿quién me evita a mí el que con verlos andar y ver cómo les cae el traje de luces ya me eche para atrás la idea de que tal esperpento caminante sea un artista y haga arte con su cuerpo? Que tampoco estoy aquí abogando por unos cuerpos apolíneos para vestirlos de toreros. Si la cuestión no es esa, la cuestión es como se mueven y lo que con ellos ejecutan capote y muleta en mano.

Pero ahora les da por meter todo y a todos en el saco del arte, que debe ser tan inmenso que caben hasta las figuritas de porcelana de Lladró, sí esas que lo mismo te ponen unos cisnes tirando de un carro alado coronado por una joven acariciando un caniche, que un viejecito fumando en pipa, que una menina inclinada a no se sabe dónde. Y claro, si esto es arte, ¿admite algún paralelismo con los amaneramientos de algunas de nuestras grandes figuras? ¿Se puede calificar lo de las figuritas, las de porcelana, cómo arte escultórico? Bueno, quizá tanto como calificar como arte eso que practican el Juli, Perera, Castella y hasta Manzanares y Morante. Este último podría hacer arte, igual que lo hizo en su momento, si cambia la menina de porcelana por la Madonna esculpida en mármol.

El amaneramiento es arte, el contorsionismo es arte, las estridencias es arte, la vulgaridad copiada una y otra vez es arte; si es que ya todo es arte y todos son artistas. Bueno, no, todo no, todo lo actual, porque lo pasado no llega a tal, porque a los que muchos consideramos artistas, artistas del pasado, otros consideran idealizaciones de mentes seniles y chochas. ¿Se imaginan que apareciera el señor Lladró afirmando que lo de Rodin o Miguel Ángel son idealizaciones benévolas de una mediocridad? Es probable, que le tomaran por loco, por interesado para vender su mercancía, incluso puede que algunos le creyeran un descarado y un desahogado; comparar la Pietá o el David con los arlequines de porcelana. Y lo que podría ser peor, que todas las señoras que lucen estas figuritas en el aparador de su casa, junto a la foto de la boda propia y de los hijos, se pusieran de uñas con todos los que no enaltecieran sus figuritas y les soltaran aquello de: “¿pero tú has modelado alguna vez un cisne de porcelana? Anda ya, si ni tan siquiera te has puesto con la plastilina”. Y un coro de lladrófilos jaleando a la señora y riéndole la gracia, convencidos de que deja en ridículo al que no equipara esto con la escultura renacentista. Que el Ghiberti ese y Michelangelo están muy sobrevalorados, que las Puertas del Paraíso y el Moisés no son pa’ tanto.

Pues resulta que en esto de los toros, el arte es lo de las figuritas de Lladró, que el público y el poder taurino se pasan la vida exaltando los méritos de esas porcelanas y no solo los fieles no se escandalizan, sino que se echan las manos a la cabeza cuándo los demás no caen rendidos a los pies de los cisnes tirando de un carro con una ninfa coronada con pétalos de gladiolos en flor. Y que te sueltan eso del empaque por menos que grazna un cisne, lo mismo si la cosa va con las figuritas, que si hablamos de los jóvenes modeladores, los que andan trajinando con la plastilina del novillo, que aquí todos son artistas y ¡ay! del que ose ni tan siquiera cuestionarlo o amagar con ponerlo en duda. Que al final forman un batiburrillo que no hay quién se aclare con eso de el arte, los artistas, la escultura y las figuritas de Lladró.




Enlace programa Tendido de Sol del 22 de enero de 2017:

lunes, 16 de enero de 2017

Y Dios creó al hombre ¡...dita sea!

¿Quién anda ahí? ¿El hombre? ¡...dita sea!


Dice la Biblia que Dios creó todo lo imaginable e inimagible de lunes a viernes y el sábado, que parece que se levantó con ganas y buen ánimo, se puso a juguetear con el barro, así como el que no quiere la cosa, y le salió un hombre. ¡Vaya por Dios! Y hasta se le daba cierto aire, eso que se dio en llamar a su imagen y semejanza, lo que no quiere decir que fuera igual, simplemente el mismo Dios se tomó como modelo y le salió parecido, semejante, que no igual. ¡Qué cosas! Con lo bien que le había quedado todo lo imaginable e inimaginable y puso al ser humano sobre la Tierra. Que la verdad es que yo me alegro y agradezco que así fuera y que su Divinidad decidiera crear a nuestros tatatatatarabuelos. Pero claro, visto lo visto y según cómo se interprete, hay quién piensa que esta no fue una buena decisión y solo ve al hombre como un usurpador una ingerencia innecesaria en la perfección de la naturaleza.

Hasta ese mismo momento de “Y Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”, la vida era todo paz y armonía, el león se paseaba por la sabana, porque entonces había mucha más sabana, aún no se habían inventado las urbanizaciones cerradas, y saludaba a las gacelas, los ñus, los elefantes grandes y chicos y estos le devolvían educadamente el saludo.

-         Buenos días gacelas, buenos días ñus, buenos días elefantes y elefantitos, me voy a desayunar unos juncos a la orilla del río.
-         Buenos días, su majestad del reino animal

Contestaban los súbditos ante la presencia de tan guedejudo soberano.

Pero ¡Ay, cuándo llegó el hombre! Entonces todo se torció. Al principio no, aquel matrimonio en apariencia tan amable y jovial iban a lo suyo, un fruto de aquí, otro de allá, unas raíces de estas, unos tubérculos de aquellos, porque como era el paraíso, las patatas se podían comer sin necesidad de ser cocinadas, ya brotaban tiernas de la tierra. Otros ratos se hacían carantoñas, otras copulaban, otras se aburrían y otras pensaban en otras cosas. Si acaso más la chica, que ya se sabe, si el ser humano es el mal, la mujer ya ni te cuento, que así lo afirman especialistas los especialistas en psicología femenina que colaboraron para escribir la Biblia. Él no pensaba en nada, bueno, sí, en copular todo el rato. Luego vino lo de la manzana, luego que si nació Abel y luego Caín. El primero era dulce y amable, cuidando sus ovejitas, mientras se deleitaba con los frutos de los árboles, pero el otro no era de la misma naturaleza, era más retorcido, se parecería a su madre, por supuesto. Sea por esto, sea porque no tenían una abuela que les hiciera comidas ricas, tartas, natillas o dulce de papaya, a Caín se le metió entre ceja y ceja el comerse una de las ovejas de su hermano y en una de estas, pues ya sabemos lo que pasó, que le partió la crisma con una quijada de burro. ¿Se puede ser más animal? Y así, rodando, rodando y quijadazo va y quijadazo viene, hemos llegado hasta lo que somos ahora, los mismos usurpadores que queremos adueñarnos del espacio de los animales y hacernos los amos absolutos de la naturaleza y por si esto fuera poco, hasta queremos aprovecharnos de ella y comernos a los pobrecitos bichitos.

Una falta de respeto absoluto por la naturaleza; menos mal que siempre queda quién se preocupa por los animales y se desvela porque vivan plácidamente, les ofrecen sus casas, ¿qué digo ofrecer? Les entregan las llaves y les dejan que gocen del hogar ellos solitos, durante todo el día; les sacan de ese medio hostil en el que nacieron y les ofrecen las comodidades que el progreso les ha acercado al alcance de la mano, el sofá, la alfombra al lado del radiador, el aire acondicionado en verano, una bañera para sumergirles en agua calentita, champúes desparasitadores, champúes suavizantes, champúes para fortalecer las raíces, piensos para equilibrar la dieta a base de proteínas, minerales y fibra, por aquello de... Si hasta pueden ver la tele, sin olvidar esas largas conversaciones con los amos, aparte de eso de que te pongan un nombre. Esas ropitas para no pasar frío en invierno, el gentil dueño que se preocupa de recoger lo que al animalito se le desprende vía rectal. ¿Cabe un mundo mejor? ¿Cabe mayor respeto e integración con la naturaleza? Es la mejor manera de volver atrás, de regresar a aquel estado puro de felicidad que un día fue.


Lástima que haya quién no quiere entrar por el aro, como esos de la tauromaquia, que disfrutan viendo la sangre derramada del toro, al que le hacen todas las perrerías posibles para enfadarle, mucho, mucho y obligarle a atacar. ¡No hay derecho! ¿Alguien se imagina a un toro atacando con semejante furibundez si no es porque les cabrean? Se rumorea que para conseguir tales reacciones, antes de salir a la plaza les insultan y todo, pero así, con inquina. Les crían ahí abandonados en el campo y les hacen pasar por lo menos cuatro años a la intemperie, sin un hogar en el que descansar, un sofá dónde estirar las pezuñas, ni una tele plana para ver los reportajes de naturaleza de la dos. Sin ducha, ni calefacción, ni aire acondicionado, ahí con sus compañeros de manada, sin intimidad, todos juntos. No hay derecho. Les obligan a comer la hierba del campo, las bellotas de los árboles y las comen del suelo, sin lavar, ni pelar, ni tan siquiera echarle una gotita de aceite de oliva extra virgen Hojiblanca del 0,4 de acidez. Eso no se puede consentir y no lo vamos a consentir. Porque si entramos en lo que les hacen en esas infamias, esos nidos de barbarie, esos agujeros de podredumbre que son las plazas de toros... Todo era paz, todo era alegría, todo era maravilloso, perfecto y Dios creó al hombre ¡...dita sea!


Enlace al programa Tendido de Sol del 15 de enero de 2016:
http://www.ivoox.com/tendido-sol-del-15-enero-de-audios-mp3_rf_16333582_1.html